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viernes, 24 de febrero de 2012

Sobre la reforma laboral: ¿Hacia que modelo vamos?

Lo primero que habrá que decir es que esta reforma laboral, como cualquiera de las otras que se han hecho, no creará empleo. Y es bueno que se diga, para no generar falsas ilusiones ni, con su desvanecimiento, grandes desilusiones.

La realidad es muy tozuda, y por mucho que algunos se esfuercen en repetirlo, ni las relaciones laborales fueron las responsables de la creación de los miles de puestos de trabajo que nos permitieron llegar al pleno empleo (5% de paro) hace sólo 5 años, ni lo son del desastre laboral actual, que nos acerca al 20% de paro.

Lo que siempre (antes y ahora) ha creado, o destruido, empleo es la existencia, o no, de una actividad económica, basada en un negocio rentable o en la satisfacción de una necesidad social, aunque en este caso es prescindible la generación de beneficios privados. Por ello, el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy puede anunciar de antemano, y sin demasiado riesgo a equivocarse, que este año el paro crecerá, aunque haya reforma laboral. Él sabe que con las previsiones para el 2012 que sitúan de nuevo a la economía española en recesión no puede haber creación de empleo.

El desarrollo de forma concertada en toda Europa, de políticas de estímulo a la actividad productiva que superen esta equivocada y obsesiva receta de exceso de austeridad, el éxito de una reforma financiera y el retorno a la circulación del crédito necesario para financiar inversiones productivas y compras no especulativas, tienen mucho más que ver con la creación de empleo que la reforma laboral.

Sin embargo, el hecho de que el modelo de relaciones laborales no cree empleo, no es sinónimo de neutralidad en relación a la misma. Todo lo contrario, es necesario un sistema de relaciones laborales que se ajuste a las necesidades del modelo producción y competitividad por el que se opte.

Esta reforma es muy adecuada si se quiere potenciar un modelo que fundamente su flexibilidad en los cambios de trabajo, sistema utilizado por las economías productoras de bienes y servicios de alta rotación y baja calidad y precio, donde los trabajadores son fácilmente intercambiables.

Por el contrario esta reforma pierde su idoneidad si se apuesta por un sistema de estabilidad flexible, es decir de cambios en el trabajo, porque lo que se produce necesita, para competir internacionalmente, la incorporación de una inversión en capital fijo, de conocimiento e innovación en productos y procesos y una gestión de un recursos más formados y de más difícil sustitución y en consecuencia de una capacidad de adaptación se compatible con la estabilidad que garantice las inversiones que se hagan en las personas y en los medios.

El tronco central de la reforma hay que encontrarlo en el reforzamiento de la autoridad unilateral del empresario como mecanismo de obtener la flexibilidad que las empresas necesitan. Esto se pretende conseguirlo otorgándole la última decisión en caso de discrepancia sobre aspectos como: la organización de jornada de trabajo, la movilidad funcional, la movilidad geográfica, la modificación de la cuantía de los salarios, o incluso el despido colectivo. Todos estos cambios, si no son aceptados por los trabajadores, conducen a la pérdida del empleo con 20 días de indemnización por año de servicio. Esta opción puede parecer que resulta muy ejecutiva y rápida, es la del "ordeno y mando", pero tiene como contrapunto que nos aleja y distancia de la flexibilidad estable y negociada. Porque antepone la unilateralidad al dialogo.

La flexibilidad otorgada por la reforma rompe con el paradigma sobre el que se sustentaban las relaciones laborales desde los 80, donde empresarios y trabajadores negociaban, dentro de unos parámetros establecidos, para resolver los conflictos de intereses que surgían entre ellos en el seno de las empresas y si no llegaban a un acuerdo, un tercer decidía (ya fuera un juez o la administración).

 

Dada nuestra tradición y composición empresarial, previsiblemente, esto irá en detrimento de la negociación entre las partes provocando por un lado la judicialización de los conflictos, sobre todo en situaciones de debilidad laboral o de crisis económica, y de la otra, el incremento de la conflictividad laboral para compensar el crecimiento del poder de decisión empresarial.

Esta dinámica y la devaluación de la negociación centralizada puede comportar el deseado - por algunos - objetivo de provocar el debilitamiento de los interlocutores sociales (patronales y sindicatos) que hasta ahora han racionalizado la gestión de los conflictos laborales intercambiando previsibilidad económica por tranquilidad social.

Corremos el riesgo que de conseguirse la pérdida de autoridad sindical, o quizás para evitarla, se abra el camino hacia unas relaciones laborales mucho más duales. Por un lado, creceria las prácticas corporativas (tipo pilotos de avión o controladores) por parte de quien tenga fuerza para obtener más o generar más conflictos, sin tener en cuenta la situación global de otros trabajadores o del perjuicio colectivo y por el otro lado, donde las dificultades o la falta de fuerza sean superiores se producirá un empeoramiento excesivo de las condiciones laborales.

Durante el trámite parlamentario aún hay posibilidades que esta reforma laboral acabe reequilibrandose. Para ello debería asumir la orientación que se desprendía de los últimos acuerdos que autónomamente habían alcanzado los agentes sociales, tanto en Cataluña como en España, y que constituía una forma negociada de fomentar la flexibilidad interna, en el seno de la empresa .

Con ello se evitaría que esta reforma se transforme en una ruptura laboral.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El derecho a la huelga



Con el anuncio de una convocatoria de huelga en AENA de 22 días, estratégicamente situados en los inicios y finales de las vacaciones, se ha vuelto a desatar un durísimo intercambio de monólogos mediáticos sobre la huelga y su uso.


La huelga no substituye el dialogo entre las partes en conflicto. Es la expresión temporal de su fracaso. Por eso la huelga debería tener como objetivo recuperarlo, y, como todas las armas potentes, utilizarse sólo como último recurso, en la búsqueda del acuerdo.


Con esta acción se pretenden negociar las condiciones en las que quedaran los trabajadores cuando se privatice la gestión de los aeropuertos españoles.


Obtener seguridades dentro de ese cambio y eliminar las dudas y temores, no debería ser difícil. Al no ser funcionarios, sino trabajadores asalariados, les será de aplicación el Estatuto de los Trabajadores (art 44), y la empresa sucesora, sea pública, privada o mixta, deberá respetarles TODOS los derechos que hoy tienen.


La huelga como derecho constitucional no tiene más limitación que su comunicación con 5 días de antelación, si no colisiona con el ejercicio de otro derecho constitucional (salud, seguridad, etc.). Entonces sí tiene restricciones. Debe avisarse con 15 días de antelación, como mínimo y establecerse unos servicios mínimos, que permitan ejercerlos. Con algunas molestias, pero ejercerlos.


Si llega a realizarse la huelga, cosa que dudo, habrán vuelos, no como ocurrió con los controladores. Por ello, el debate sobre la huelga debería ser más frio y objetivo.

martes, 22 de junio de 2010

Sobre la reforma laboral

Esta no es una reforma para crear empleo, sino para regular el que se cree.

Y esto es así, porque a pesar de lo que se dice habitualmente ninguna reforma crea empleo, lo crea la actividad económica. Ninguna empresa, o empresario, contrata a una persona sino tiene necesidad de ella para desarrollar un trabajo real y productivo, económicamente rentable o socialmente útil.

En el pasado se consideró que era "mejor un contrato temporal que nada". Bajo esa idea se hizo la reforma laboral del 84, que estableció entre otras la figura del contrato temporal sin causa como contrato de fomento del empleo. El resultado final ha sido que los procesos de recuperación posteriores se saldaron con el uso abusivo de la contratación temporal, que llegó a aplicarse el 30% de las personas ocupadas.

El ciclo económico creó mucho empleo, pero precisamente es ese - el más temporal y precario – el que se ha llevado por delante esta crisis. No parece que se obtengan resultados diferentes reiterando o intensificando la misma estrategia de apostar por la temporalidad, como pide entre otros el gobernador del Banco de España.

Por el contrario, con esta reforma laboral se busca que el crecimiento económico se haga con contratación estable, pero que permitan que las empresas puedan adaptarse a los cambios sin tener que hacerlo a través de despidos.

Por eso el Real Decreto Ley se basa en:
• Penalizar la contratación temporal (restringiendo su duración, reforzando la causalidad, dificultando la subcontratación e incrementado progresivamente la indemnización).
• Fomentar la contratación estable, con 33 días de indemnización.
• Utilizar la flexibilidad interna negociada como mecanismo de ajuste a los cambios en detrimento de la fórmula de despido (modelo alemán de reducción de jornada, modificación pactada de las condiciones laborales, sindicalitzan la negociación en las PYMES y potenciando el arbitraje para solucionar los desacuerdos)
• Concentrar los ajustes a la contratación fija en las personas jóvenes, las mayores de 45 años, las que tienen discapacidades y aquellas que se encuentran en riesgo de exclusión social.
• Regular mejor las condiciones objetivas en las que una empresa puede prescindir de una persona que trabaje para ella.

Finalmente, la reforma también abre el camino a que los empresarios se aseguren entre ellos una parte del coste del despido. Mediante el incremento de las cuotas, que sólo pagan las empresas, al Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) éste se hará cargo del importe 8 días por año cuando se produzca un despido. Creo que si este pago se acaba haciendo extensivo a cualquier tipo de despido, los empresarios responsables financiarán a aquellos que despiden de forma improcedente, es decir sin motivos, por eso creo que este mecanismo debería aplicarse a financiar parcialmente aquellos despidos que estén motivados y no a todos.

Esta medida, se formula la espera de que se concrete la ley que regule el llamado modelo austriaco. Un sistema en el que la empresa capitaliza un fondo individual para cada trabajador, con un aporte equivalente a 6 u 8 días por año, y que este puede recuperar si es despedido, que se lleva si cambia voluntariamente de empresa y que puede rescatar al final de su vida laboral, como si fuera un fondo de pensiones.

Esta es una reforma más equilibrada de lo que algunos quieren y dicen, y que en ningún caso genera más inseguridad jurídica, como intenta argüir Mariano Rajoy. ¡No nos engañemos! Para algunos sólo hay seguridad jurídica si el que decide es él. Ya sea mediante el llamado contrato único (sin tutela judicial), o mediante la reducción de los jueces a un papel de simples aplicadores - que no interpretadores - de la ley o restringiendo la función de la autoridad laboral y evitando la intervención sindical.

Como un "déjà vu", similar al que sucedió en la reforma del 1994, mientras las izquierdas sociales y políticas han rechazado globalmente el RDL, las derechas, en este caso la económica, empiezan a condicionar desde fuera el debate de la ley que saldrá de la convalidación de la norma para decantarse hacia sus criterios e intereses.

Esta reforma no nos sacará de la crisis, porque no la ha creado el funcionamiento del mercado de trabajo. Así pues, ¿por qué reformarlo? Pues porque no funcionaba bien, entre otras cosas porque producía mucha temporalidad.

Esta reforma no es la única cosa que hay que hacer. Es necesario que, entre otras, también se hagan aquellas que sirvan para que:
• El apoyo al sistema financiero se transforme en crédito a familias y empresas.
• Se embride a los mercados. Evitando que su desregulación vuelva a alimentar burbujas especulativas.
• La no retirada, demasiado rápido, de las medidas de estímulo económico para evitar una recaída posterior.
• Se reforme la fiscalidad, en el sentido que haga que el reequilibrio presupuestario se haga también con un reparto más justo y más equitativo de los esfuerzos haciendo que aporten más que más tiene.
• La recuperación económica se base en el aprovechamiento del esfuerzo que han hecho empresas y trabajadores para modernizar y fortalecer nuestro modelo productivo de bienes y servicios.
• El profundización en la incorporación del conocimiento a lo que hacemos (productos y servicios), a como lo hacemos (procesos) y con quién lo hacemos (personas).
• Progrese la diversificación de nuestra economía orientándola hacia los nuevos sectores con más valor añadido

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cambiar el modelo productivo



¿Cambiar el modelo productivo con una ley es una utopía?, no y sí.

No, si no se espera que la ley nos haga todo el trabajo. De una ley sólo cabe esperar que apunte y apúntale las medidas para alcanzar un objetivo tan posible y necesario como difícil y lejano, ir más allá es irreal. Además hay que implementarla con dialogo y actuaciones.

Y sí, seria utópico creer que esa ley lo resolverá todo. No hay ninguna ley que sea un ungüento maravilloso y milagroso que lo arregla todo por ensalmo.

La producción de cosas y de servicios baratos no puede ser la forma como Catalunya y España se sitúen hoy en Europa y el mundo, económicamente hablando. Eso lo podíamos hacer – y lo hicimos con éxito - hace unos años. Entonces en Europa éramos 15 y nosotros competíamos con salarios y protección social inferiores. Hoy la UE la forman 27 países y algunos de los últimos en entrar ofrecen, ahora, lo que nosotros ofrecíamos hace 25 años: mano de obra formada y barata. Además, la globalización económica ha hecho los mercados más grandes y el mundo más pequeño.

Ese estado de cosas, además de la crisis económica, es lo que hace ineludible que tengamos que cambiar. Y no podemos hacerlo volviendo hacia atrás.

La opción es remover los cimientos de nuestra economía, avanzando hacia una economía que incorpore mucho más valor a lo que hacemos (productos y servicios), a como lo hacemos (los formas y los procesos) y con quien lo hacemos (las personas).

Necesitamos un nuevo modelo productivo que se base tanto en la profunda transformación de los sectores tradicionales para que no caigan en la obsolescencia y se adapten a una economía basada en la reducción de las emisiones de carbono y la incorporación de altas tasas de conocimiento, como en la potenciación de los nuevos sectores productivos relacionados con las energías renovables, las tecnológicas de la comunicación i la información, las ciencias de la salud (biomedicina), la nanotecnología, la aeronáutica y el espacio o los nuevos servicios a personas y empresas.

Un cambio en el modelo productivo que ha de ser capaz de recoger y transportar en ese proceso de mejora a la mayoría a las personas que hoy están desempeñando tareas en oficios y sectores que tienen que mejorar. Su seguridad y estabilidad laboral vendrá condicionada por su esfuerzo para aprovechar los recursos que se han de destinar a mejorar su formación y cualificación profesional, para seguir el ritmo de los cambios. Y de una sociedad que sea capaz de sostener un sistema de protección social suficiente y eficaz para hacer soportables los procesos de transición hasta el nuevo paradigma.

Desde una posición realista tendremos que coincidir que para llegar a ello se requieren dos cosas: un periodo de 10 años y empezar ya. Porque será difícil y duro, pero no imposible.

Aquellos que, como hace el PP, intentan descalificar esa ley alegando que no resuelve los problemas de mañana, lo único que intentan es hipotecar el mañana. ¡No lo conseguirán!

En el fondo esconden que su solución a la crisis, como dice Montoro, es repetir lo que ellos protagonizaron, un modelo económico basado en más dosis de precariedad, temporalidad i desprotección laboral, social y jurídica para que nuestra económica compita a la baja en costes y condiciones de trabajo con las economías emergentes en el mismo terreno. ¿Hasta dónde quieren llevarnos por ese camino? ¿Hasta las condiciones de los países del Norte de África? ¿Del Oriente? ¿Hasta las maquilas? ¡Ese no es el camino, ni la solución!

A todos aquellos que últimamente han clamado por unos nuevos Pactos de la Moncloa, es decir por unos acuerdos políticos que orientaron leyes, acuerdos sociales y conductas para llevar a España hasta el modelo social, laboral y económico que significaba Europa, hay que decirles que: “La ley de la economía sostenible son los Pacto de la Moncloa del siglo XXI”.

Hace bien el Gobierno ofreciendo negociación y dialogo a las fuerzas políticas para construir ese modelo. Sería de desear que la oposición no rechace la mano tendida y que no haga de su tramitación una carrera descalificaciones globales de sal gruesa, como ha protagonizado en los primeros compases.

Ahora bien, si la oposición se equivoca y quiere llevar el carro por ese pedregal, el Gobierno debe proseguir hacia delante haciendo del dialogo social con los sindicatos y empresarios y la sociedad en general el mecanismo de acordar las reformas y cambios que nos permitan salir de la crisis construyendo el futuro y sin dejar a nadie en la cuneta.

martes, 17 de noviembre de 2009

Josep Maria Rañé: "El urbanismo tiene un peso excesivo en la financiación de los ayuntamientos"



Entrevista al presidente del Consejo de Trabajo Económico y Social de Cataluña, que augura el final de la crisis a mediados de 2010. Realizada por Laura Balcells y publicada en la malla.cat


Corrupción, crisis y desempleo. Tres elementos que han golpeado la sociedad catalana en los últimos tiempos y que, combinados, forman un cóctel que puede conducir a la desmoralización y la desconfianza. El presidente del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Cataluña (CTESC), Josep Maria Rañé, reflexiona sobre esta situación en esta entrevista a lamalla.cat. Rañé considera que los ayuntamientos dependen demasiado del urbanismo y cree que si se han detectado grietas en la legislación se deben sellar de forma "inmediata" para evitar que se repitan casos como los de Santa Coloma o el Palau de la Música , respetando, eso sí, la presunción de inocencia. Sobre la crisis, pide al sector financiero que abra el grifo del crédito "con responsabilidad" y cree que a mediados del año que viene se empezará a ver la luz al final del túnel. Alerta, sin embargo, que hay que optar por un modelo de valor añadido y de empleo de calidad para no caer en los mismos errores que en el pasado.


-Los ayuntamientos 'cuelgan' demasiado del urbanismo? Creo que sí. El único instrumento que tienen para hacer políticas después de que el PP eliminara el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) es el urbanismo, y este elemento debe tenerse en consideración. No porque esto sea fuente de corrupción, sino porque colocamos los ayuntamientos en una presión excesiva con un único mecanismo para poder hacer su acción y esto puede permitir que haya personas que decidan utilizarlo mal. El urbanismo tiene un exceso de peso en la financiación de los ayuntamientos que convendría diversificar. Además, esto haría que los ayuntamientos estuvieran más motivados e interesados en diversificar el tejido económico.


-Eso cambiará una vez se apruebe la nueva financiación local?
Con la nueva financiación local sacaremos una presión importante al tema del urbanismo. Los ayuntamientos tendrán más capacidad de imponer condiciones a las promociones urbanísticas y, por tanto, debería producirse un cambio. Ahora bien, tampoco hay que engañarse. No es que tengamos una resolución deficiente o que no haya ningún tipo de orden, sino que detrás de todo esto hay algo difícil de eliminar que es la codicia humana. Debemos apostar por dos elementos que debe tener toda normativa: transparencia y control. Que los ayuntamientos estén bien financiados, ayudará; debemos darles más herramientas para evitar la especulación en sus municipios.


-Casos como los que han aflorado recientemente se podían evitar?
Si se ha descubierto una rendija, debemos cerrarla y sellarla. Eso no quiere decir que haya que arrasar con todo un sector económico, sino buscar las rendijas para remediarlo. Somos conscientes de que posiblemente la legislación perfecta no existe, porque las situaciones cambian y siempre puede aparecer algún tema nuevo. Ahora hay que ajustarla y que se perciba con toda claridad que desde la responsabilidad pública no se da ninguna cobertura, como no se está dando, en estas actitudes personales. Debemos recuperar la confianza y tener en cuenta que si estamos hablando de estas actitudes delictivas es porque la justicia ha actuado y el sistema ha funcionado.


-Usted que ha sido consejero de Trabajo e Industria de la Generalitat (2003-2006), qué sentimientos le despiertan estos casos de corrupción?
La primera sensación es de indignación, que no debe ir acompañada de desmoralización. Observas con determinada tristeza que personas que has conocido y con quien has tenido una determinada relación, de coincidencia o de oposición política, están inmersos en estos procesos. Indignación, pero confianza en que tenemos instrumentos para hacerle frente. Te deja perplejo conocer el entramado que ha pasado con alguna institución cultural de Cataluña. Es difícil de explicar como una persona ha tenido la posibilidad de hacer todo lo que dicen que ha hecho.


-Todos estos casos de corrupción coinciden en un momento de crisis económica que todavía crispa más la sociedad ...
Es verdad que coinciden en un momento que hace que aún sean más llamativos. En el caso del "Palau de la Musica", vemos que hay gente que está a una institución que responde a donaciones o fondos públicos y que ha desviado un dinero que resulta que no son para atender a nadie, ni la cultura ni el arte ni el canto en Cataluña , sino para irse a las Malvinas, o para hacer otras cosas. Realmente, produce aún más irritabilidad en un momento de crisis.


"TODO INDICA QUE SALDREMOS DE LA CRISIS A MEDIADOS DEL AÑO QUE VIENE"


-Y sobre la crisis, cuando veremos el final?
Creo que hay claramente dos fases. La primera, que recuperemos el crecimiento positivo. En estos momentos, todavía estamos produciendo menos que hace un año y, obviamente, menos que hace dos. La segunda fase, la que permitirá decir que realmente estamos saliendo de la crisis, es que este crecimiento económico sea de una calidad y cantidad suficiente como para que haya más gente trabajando que el mes anterior, o que el día anterior. Es decir, que haya creación de empleo neto. Creo que esto, todo parece indicar, podría llegar a mediados del año que viene.


-543.603 Personas en paro, según datos del ministerio de Trabajo. ¡Son muchas!
Es una cifra muy importante. Creo que la solución al paro vendrá cuando tengamos una economía que cree más empleo y que, cuando esto pase, no nos volvamos a equivocar y se creen empleos de baja calidad y poco valor añadido porque se ha demostrado que esto es como el cuento de "los tres cerditos", cuando viene un viento cae la barraca. Lo que ha quedado es empleo con valor añadido y con más productividad. Lo que debemos intentar es que la recuperación económica no la hagamos a partir de volver a inflar otra vez la actividad de poco valor añadido, que no tenga suficiente calidad para resistir la competencia. No quiere decir que tenemos que hacer cosas completamente diferentes a las que hemos hecho hasta ahora, sino que debemos hacer mejor. Es la mejor garantía para mantener el empleo que se haya creado.


-Aportar más valor añadido significa invertir. ¿Cómo se puede hacer esto si las empresas están tocadas?
El problema que tenemos ahora no es que las empresas no tengan ideas o proyectos o que no vean hacia dónde deben ir, sino que no pueden obtener la financiación para hacerlo. El problema básico es la falta de liquidez y es necesario que el sistema financiero abra el grifo del crédito, pero no con la alegría y despreocupación que lo ha hecho hasta ahora, financiando actividades de mucho riesgo, sino que ha de financiar proyectos serios . Si se quiere hacer una reestructuración del sistema financiero, no sólo para salvar las entidades financieras, sino para salvar la función de las mismas, que es gestionar el crédito de una manera responsable y favorecer que proyectos serios salgan adelante. No se trata de dar una ayuda a unos y que los demás espabilen, sino que la ayuda que se da es porque abre la línea de crédito de una manera responsable. Las empresas tienen más proyectos serios y solventes lo que parece.


-Últimamente se ha repetido mucho la palabra ERE (Expediente de Regulación de Empleo). ¿Qué piensa del sistema alemán?
El sistema alemán es una versión equivalente al ERE que consiste en reducir el tiempo de trabajo semanal o diario de un trabajador. Este tiempo que deja de trabajar, la empresa no le paga, pero el trabajador recibe una subvención o una ayuda del Estado. Bueno, eso es un ERE, un ERE de suspensión temporal, de reducción de jornada. Es lo mismo.


-Pues si es el mismo, por qué ha funcionado en Alemania y aquí no?
Posiblemente habrá que abordar algunos de los problemas que aquí hay. La tramitación de los ERE es muy farragosa administrativamente y convendría aliviarse, manteniendo la seguridad jurídica. Los ERE suponen un sobrecoste para las empresas que deben pagar la seguridad social, incluso del tiempo que no trabajan las personas. Habrá que ver si el Estado mantiene o ayuda a reducir este sobrecoste. El sistema alemán ha permitido que con una bajada de la actividad que ha sido el doble de España, el paro haya crecido la mitad. Ellos han apostado por mantener la gente ligada a la empresa y ajustarse internamente en lugar de despedir. Creo que esto es positivo. Es bueno que tengamos una política dirigida a mantener la gente ocupada o relacionada con la empresa. Los alemanes aprovechan estos períodos de reducción de la jornada para formarse y eso es muy importante. Es útil para mantener el puesto de trabajo, pero también para tener más expectativas a lo largo de la vida laboral.


-Cree que la juventud de hoy en día ha perdido el espíritu empresarial y prefiere optar por el sector público, para hacerse funcionario?
No creo que esto se pueda generalizar, los datos tampoco lo demuestran. No se puede decir que los jóvenes catalanes no sean personas emprendedoras, están más preparadas y, además, son personas que tienen la voluntad de asumir riesgos y de plantearlos. Estamos en un momento difícil en Cataluña, pero no ha mermado la capacidad de generar empresas y no podemos pensar que todas las empresas las han realizado personas adultas, también gente joven, jóvenes en términos empresariales. Descartaría la idea generalizada de que los jóvenes catalanes han perdido la capacidad de emprendimiento, la mantienen, lo que sí es cierto es que ahora hay más opciones que hace veinte o treinta años. No había un sector público que fuera una fuente de empleo tan importante como lo es hoy.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Absentime laboral: Aprender de la experiencia



Este es un artículo mio - publicado en el diario AVUI - sobre el absentime laboral.

El absentismo laboral es un tema recurrente, poliédrico y controvertido.
Ante el grave perjuicio que produce en la economía cuando se superan determinados niveles, en 1980 la UGT y la CEOE negociaron y acordaron hacer frente conjuntamente, acuerdo al que se unió CCOO del año siguiente.

En ese acuerdo, destinado a ser aplicado en los convenios colectivos tras definir el absentismo como "la no presencia del trabajador en el lugar de trabajo", determinaron cuáles ausencias no debían ser cuantificadas como tales.
Consideraron que no era absentismo: los permisos legales, las horas sindicales, maternidad y lactancia, hospitalización, accidentes laborales y suspensión de la actividad por riesgo de accidentes y las suspensiones legales de los contratos.

Así pues, el resto de ausencias, legales o fraudulentas, se transformaron en el objetivo a batir por la acción de empresarios y trabajadores en el seno de la empresa y para la administración, mediante una más estricta aplicación de las medidas legales de control y comprobación.
La aplicación de esta cultura y práctica común logró reducir de forma muy importante el absentismo.

En casi 30 años las cosas han cambiado mucho, pero, sin embargo, el absentismo sigue siendo motivo de preocupación.

Tanto es así que en el acuerdo estratégico del 2005 se encargó al gobierno estudiarlo. La información obtenida es que sólo el 6% de los trabajadores tienen más de una baja al año, y el 76% no tienen ninguna .

Quizá en temas como éste, que afectan a las relaciones laborales, la lección a extraer es que la solución de fondo se encontrará cuando todo el mundo entienda lo mismo por absentismo, se pacte un criterio de actuación y se aplique conjuntamente.

Lo contrario es lanzarse el absentismo por la cabeza y no avanzar.

viernes, 3 de julio de 2009

Buena y mala flexibilidad laboral


¡¡¡SE PUEDE DEDIR MÁS ALTO, PERO DUDO QUE MAS CLARO!!!

El Pais publicaba este artículo de Jean Pisani-Ferry que es economista y director de Bruegel, centro de investigación y debate sobre las políticas económicas en Europa y que a mi entender viene a decir, desde fuera, lo que mucha gente repite, aquí. Y viene a decirnos que - como con el colesterol - hay una flexibilidad laboral positiva y otra que no desde el punto de vista laboral, pero tambien económica.

Por eso lo reproduzco integramente.



Una de las características más llamativas de la crisis actual es la sincronización de las reacciones de las empresas. De un extremo a otro del planeta, éstas reaccionan simultáneamente ante las mismas informaciones, y los indicadores que permiten rastrear sus pronósticos reflejan un perfecto paralelismo.

Salvo en un punto: el empleo. En efecto, durante el último año, la tasa de paro ha aumentado ocho puntos en España y seis en Irlanda, mientras que prácticamente no se ha movido en Alemania y los Países Bajos, y en Francia sólo ha aumentado un punto y medio.

Claro está que, en parte, estas diferencias reflejan la desigual gravedad de la recesión: aunque las evoluciones sean sincrónicas, la amplitud del retroceso del crecimiento varía de un país a otro. Pero esta explicación no vale ni para Alemania ni para España. Alemania es a la vez uno de los países en los que el descenso de la producción es más pronunciado y uno de los países en los que el mercado laboral se ha degradado menos. Y, a pesar de su crisis inmobiliaria, España no forma parte de los países con un mayor decrecimiento del PIB.

La explicación de esta paradoja reside en las modalidades de ajuste del empleo. España es la campeona del mundo de los contratos de duración determinada. Tras el fin del franquismo, que había instaurado una legislación laboral muy protectora de los asalariados, el mercado de trabajo se fue flexibilizando con la introducción de los contratos de duración determinada, que hoy representan un tercio del empleo asalariado (menos del 5% en Estados Unidos y un poco más del 13% en Francia).

Más que en ninguna otra parte, el trabajo de duración determinada se convirtió en un modo de existencia cuasi permanente. Ya que no justa, esta situación era al menos tolerable mientras duró el boom. Pero en cuanto la coyuntura dio un vuelco, las empresas pusieron fin a los contratos temporales y el paro se disparó.

Por el contrario, desde el último otoño, Alemania recurre masivamente al Kurzarbeit (jornada reducida), que permite ajustar la duración del trabajo anual a la baja. La empresa reduce el salario mensual en proporción a las horas trabajadas de menos y el Estado compensa hasta dos tercios de la pérdida de ingresos que sufre el asalariado. Esta forma de paro parcial, a menudo prevista en los convenios colectivos, fue ampliamente fomentada por el plan de reactivación.

Las dos economías son, pues, flexibles en el sentido de que las empresas ajustan sus efectivos y reducen sus costes, pero de manera muy diferente. En España, el ajuste recae sobre el empleo de los jóvenes y los trabajadores menos cualificados, mientras que Alemania juega con la flexibilidad de las horas de trabajo y mutualiza el coste social de su reducción.

No obstante, la oposición de ambos modelos tiene ciertos límites. En España, la construcción inmobiliaria tardará mucho en recuperarse, y conservar puestos de trabajo superfluos no tendría sentido alguno. Y aunque en Alemania la reducción transitoria de la jornada laboral ha permitido amortiguar el golpe durante algunos trimestres, está claro que a partir de ahora el paro aumentará mucho.

Ahora bien, aunque el contraste entre los dos países va a atenuarse, no desaparecerá.
Estas decisiones colectivas adoptadas por dos países como España y Alemania no se diferencian sólo en sus consecuencias sociales presentes, también pueden tener consecuencias económicas diferentes en el futuro.

En los próximos tiempos, la prioridad de las políticas de empleo va a ser evitar que el paro inducido por la crisis desemboque en la exclusión permanente de una parte de la población activa. Se afronta un gran riesgo,pues eso fue lo que sucedió en Europa con los prejubilados de los años ochenta y también en la mayoría de países que han sufrido graves crisis financieras.

Aunque no se vean abocados a la jubilación, los trabajadores apartados del empleo durante mucho tiempo pierden cualificación y motivación, y sólo pueden reinsertarse en el mercado laboral a costa de esfuerzos considerables.

La OCDE acaba de predecir que, incluso después de que sus efectos inmediatos hayan sido absorbidos, la actual crisis podría inducir en la zona euro un aumento del denominado paro estructural de hasta un punto y medio. Y prevé, y esto es significativo, que ese aumento será mucho más alto en España (más de dos puntos y medio) que en Alemania (entre medio punto y un punto).

Así que la crisis vuelve a plantear bajo otra luz la cuestión de la flexibilidad laboral. Ayer se trataba de favorecer la redistribución del empleo entre sectores y empresas, y de promover un retorno gradual hacia el pleno empleo. Hoy, se trata de absorber un impacto violento minimizando sus costes sociales inmediatos y sus costes económicos a largo plazo.

En ambos casos, ciertos modelos sociales son más justos o eficaces que otros.

Traducción de José Luis Sánchez-Silva.
Jean Pisani-Ferry es economista y director de Bruegel, centro de investigación y debate sobre las políticas económicas en Europa.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Debatir el futuro económico


Un debate abrió otro debate.

El cambio de modelo económico fue el nuevo debate que el Presidente del gobierno abrió, la semana pasada, a cuenta del debate sobre el estado (económico) de la nación.

Fijar un objetivo a largo plazo, puede ser una acción de liderazgo o una estrategia de despiste, depende.

Se lidera si se es capaz de definir objetivos claros y asumibles a medio plazo y largo plazo, los cuales den sentido a los esfuerzos y sacrificios que deban realizarse en el corto plazo. Y ello no sólo porque se asuman resignadamente, en base a la aplicación de la teoría del mal, sino porque ese escenario que se dibuja tenga capaz de entusiasmar.

La historia está llena ejemplos donde los lideres han llamado a “volver a luchar, volver a sufrir, para volver a ganar” o como hizo Winston Churchil con su: “para ganar la guerra solo puedo prometerles sangre, sudor y lágrimas”.

Por el contrario, se crea frustración, despiste o ensoñación colectiva si la gente percibe que no hay un equilibrio razonable entre esfuerzo y expectativas o que los objetivos son un escenario tan idílico que resulta poco creíble. Hace tiempo que se sabe que “nadie da duros a cuatro pesetas” o que ese futuro, no es el futuro, si sólo se puede alcanzar mediante esfuerzos sobrehumanos o actitudes heroicas que solo unos pocos puedan - y estén dispuestos - a realizar.

Ya casi nadie discute que España y Catalunya, para salir de la crisis y reabrir una senda de crecimiento económico sano y duradero, deben transitar hacia una economía cada vez más abierta al mundo que base su potencia y competitividad en la mejora de productos y procesos, a base de incorporarles valor – que no precio –y calidad.

Entonces, ¿cuál es el debate? Pues, el patrón de crecimiento, es decir, el de siempre, el cómo conseguirlo. No se cuestiona dónde vamos, pero sí el cómo.

Para alcanzar, lo más rápidamente posible, el modelo económico y productivo al que aspiramos, desde ya, hemos de alinear nuestro patrón de crecimiento para que nos acerque a él, no para que nos aleje. Hemos de crecer basándonos en lo que tenemos para llegar hasta donde queremos. No podemos ni debemos dar saltos en el vacío.

Aunque, eso sí, no se trata de repetir lo que se hecho hasta ahora y mucho menos como se ha hecho, lo que hoy tenemos también debe de cambiar. Puede ser la base, pero no se será el futuro si no se dirige hacia ese modelo económico que esperamos alcanzar e incorpora sus valores.

Un ejemplo para que se entienda: la construcción.

Hay un acuerdo generalizado en que el exceso de construcción de viviendas fomentado para la especulación, es de los detonantes del problema económico, porque nos ha desviado del proceso de renovación y modernización que debíamos seguir, ha endeudado a empresas y familias y ha inmovilizado mucho capital.

Pero eso no significa que la construcción residencial sea intrínsecamente mala y en consecuencia se deba abandonar. Lo que hay que evitar es el exceso de producción, ese que no tiene como objetivo satisfacer el derecho al acceso a la vivienda.

En España se calcula que la demanda que corresponde a necesidades reales - no las especulativas - se sitúa alrededor de las 400.000 viviendas/año, los últimos años se llegaron a producir entre 800.000 y 900.000 unidades.

En consecuencia, volverá la construcción de viviendas, pero no será el motor de la recuperación, en todo caso uno de los motores, pero no EL motor. Y eso será bueno porque la mitad de los empleos perdidos en España en el último año lo han sido en la construcción.

Eso ocurrirá una vez el ajuste de unos precios desorbitados y la circulación del crédito permita que las viviendas ubicadas en entornos urbanos sean ocupadas.

Tendremos de nuevo, construcción pero será diferente. Primero, el sector tendrá menos peso en nuestra economía, la producción estará orientada a las necesidades reales y la forma de construir cambiará.

Nuestra construcción es demasiado artesanal y por ende más cara de lo que debería. No será totalmente nueva pero será diferente. Habrá que “industrializar” la construcción de la vivienda haciendo posible una reducción de costes sin reducir la calidad, ni las prestaciones sociales ni el cuidado medio ambiental. Habrá que formar a la gente de la construcción para trabajar en ese “renovado sector maduro”.

Será algo parecido a lo que hicimos con el automóvil o con la electrónica de consumo, hace años, que ha permitido obtener productos mejores, con más prestaciones y sin que eso deba suponer más precio.

Digámoslo claro, la solución hoy no es la política económica, fiscal y laboral de los 80, cuando se busca que el motor del empleo fueran: la construcción y la actividad manufacturera de bajo valor y costes.

Hoy el objetivo es un nuevo modelo económico de más valor añadido, que alcanzaremos con un patrón de crecimiento acorde a él, no al del pasado que pretendemos dejar.

Quien no esté acuerdo que explique hacia pretende llevarnos, cómo y que nos costará.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Basarse en lo conocido


Los consejos más útiles acostumbran a ser los más simples.

Uno de los expertos que asesoran al Govern Montilla sobre el recorrido que debe seguir la economía catalana recomendó: basarse en lo conocido y avanzar decididamente en nuevos sectores económicos”.

No en todos a la vez y menos al mismo tiempo. Se debe priorizar – léase invertir de forma potente - en aquellos en los que razonablemente podamos despuntar para alcanzar la masa crítica y la excelencia necesaria. También en ese segmento volverá a ser imprescindible basarse en lo conocido, aprovechando lo que tenemos y conocemos y no dar saltos en el vacío.

Ese es un buen consejo. Racional y simple, además de claro y aplicable.

Existe una unanimidad, casi empalagosa, en que debemos cambiar nuestro modelo productivo. “Se ha invertido mucho en el ladrillo y poco en cerebros” o “Menos ladrillos y más ordenadores” son buenos resúmenes de los problemas del modelo seguido en los últimos años y de la orientación del que debemos seguir en el futuro.

Dicho eso, el problema aparece cuando hay que concretar.

En ese sentido, hay que evitar que la apelación a la I+D+i se haga de forma inconcreta y generalista, porque corremos el riesgo de mellar uno de los instrumentos más potentes que tenemos. Hay que rehuir presentarla como el bálsamo, casi milagroso, que como en el anunció de una aseguradora lo arregla “todo, todo y todo”. Esa imagen hace que las personas en paro, las ocupadas y las empresas, desconfíen de ella, pues no la perciban como aplicable sobre lo conocen.

Un objetivo que no se entiende, se transforma en inalcanzable. Nadie se compromete y se esfuerza por alcanzar aquello que no entiende, o no ve útil. Ello obliga a dos ejercicios, uno de concreción y otro de explicación. Por y para eso, es muy útil basarse en lo conocido.

Salir de la crisis y recuperar la senda de crecimiento no supone que todo lo que se haga deba ser nuevo, aunque, eso sí, deberá ser diferente.

Es cierto que nuestra economía debe basarse en la producción de bienes y servicios, en lugar de la especulación financiera, que con salarios bajos y condiciones precarias no avanzaremos, que ha de mejorar lo qué hacemos, y cómo lo hacemos y también la formación y capacitación de las personas que lo hacen y harán.

Por ello, es un buen consejo que se recomiende no despreciar la potencia económica y ocupacional de sectores maduros, como por ejemplo el turismo o el automóvil, y que se luche porque no devengan obsoletos. A eso habrá que añadir lo nuevo, en la industria y en los servicios, para compensar lo que, desgraciadamente, no tendrá futuro porque su modernización es insuficiente para que recuperen la competitividad internacional que necesitan.

Ese es un mensaje positivo. Hace más entendible el horizonte y asumibles los esfuerzos que empresarios y trabajadores harán para cambiar, para mejorar, para formarse, porque lo harán sobre lo que conocen.

Basarse en lo conocido, no es apalancarse en el pasado, sino la palanca para alcanzar el futuro.

miércoles, 8 de abril de 2009

Absentismo Laboral


¡Se agradece la objetividad!

Las bajas laborales por enfermedad común, la parte más importante del absentismo, son un tema recurrente cuando se abordan las relaciones laborales, y más en tiempo de crisis.

Mucho veces resulta un tema poliédrico y controvertido, pues en él chocan el derecho a estar enfermo y su efecto sobre la economía productiva y eso hace que inicialmente las posiciones de las partes no aparezcan como mucho reconciliables.

Por eso, es tan de agradecer el esfuerzo que han hecho las Consejeras de Trabajo, Mar Serna, y de Salud, Marina Geli, para objetivarlo, aportando los datos reales de este fenómeno.

Con estos datos objetivos sí que se podrán establecer diagnósticos correctos, propuestas adecuadas, actuaciones racionales y consensos asumibles por las partes sociales, como ya se hizo en los años 80, en el incorporarse como un elemento del "Acuerdo Marco Interconfederal (AME)" firmado por la UGT y la CEOE, y que el año 81 en el "Acuerdo Nacional de Empleo (ANE)" era asumido también por CC.OO.

Los propios datos facilitados delimitan la dimensión de lo que es problemático y el que no. Así pues, sólo el 6% de los trabajadores tienen más de una baja al año mientras el 76% no tienen ninguno. Los días totales de baja motivados por enfermedades graves, como el cáncer, son casi las mismas que produce las gripes y resfriados. Claro está que de las primeras - por fortuna - hay menos que de le segundas, aunque con una duración 16 veces mayor. Pero aquello que produce más días de baja laboral son las dolencias osteomusculars.

No obstante, esta información también deja traslucirse otras cuestiones que sueño estrictamente sanitarias.

Por ejemplo, que los menores de 25 años son los que registran más partes de baja, pero de menor duració y que en el polo opuesto nos encuentramos a las personas mayores de 55 años, con el menor número de bajas pero con una duración 5 veces superior a los más jóvenes.

Claramente este hecho no se puede imputar a un peor estado de salud de la juventud. Una explicación sanitaria quizás relacionaría este hecho con lo importante número de bajas laborales (osteomusculars) que se producen los lunes, motivadas por el ejercicio de actividades deportivas los días festivos anteriores y que evidentemente desarrollan con mayor frecuencia los jóvenes.

A pesar de eso, tampoco se puede descartar que estos datos sean la expresión de otros factores laborales y socioculturales.

Si hace un tiempo alguien le preguntaba a una persona joven "que quería ser mayor", la respuesta era contestar con el nombre de una profesión. En aquella organización social el oficio, el status social y el proyecto vital eran un pack compacto y era seguro que esforzándote podías alcanzarlo cumplido, hoy no.

Actualmente y despues de casi una generación que ha crecido laboralmente en medio de un ámbito en el que lo especulativo, fútil e inmediato ha prevalecido sobre lo productivo y rentable a medio plazo, que ha hecho que el correcto desarrollo de las tareas asignadas y el esfuerzo no aseguran ni siquiera la renovación de un contrato temporal, muchas veces económicamente escaso, y el mensaje dominante es que: "lo único que tienen seguro es que cambiarán" ¿el fenómeno sociológico de la falta de compromiso con un trabajo, de la falta de cultura del esfuerzo, no se nos antoja como un resultado lógico?

Igual que nos plateamos devolver a una regulación del sistema financiero para evitar que el exceso de desregulación acabe doliendo en todo el mundo, tendríamos que abogar por una mejora de la estabilidad en la ocupación, para todo el mundo, que hiciera visible y rentable el esfuerzo constante por el desarrollar de un proyecto personal sostenible.

Por eso, bienvenida sea la información objetiva porque será la base de las alianzas y los acuerdos para la solución real y posible de la mayoría del absentismo laboral, aunque también será bienvenida la profundización en el conocimiento y resolución de los otros factores que contribuyen a su mantenimiento.

Sobre todo si esperan que su descenso se profundice.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Dirección y sentido


La dirección y el sentido no son lo mismo. Son las dos características que definen un movimiento o desplazamiento.

A pesar de no ser sinónimos, habitualmente cuando hablamos las confundimos y las utilizamos indistintamente y así decimos ir en "dirección contraria" en vez de "sentido contrario".

Para que todo no sea tanto conceptual, pondré un ejemplo. Las vías de un tren son la dirección y el sentido es aquello que define si estamos en el tren correcto o nos alejamos de nuestro destino.

Lo mismo sucede con las apelaciones a un gran acuerdo económico, social y político para abordar la crisis; a la conveniencia de unos nuevos pactos de la Moncloa. Hay muchas y variadas.

Todas ellas coinciden en señalar una misma dirección: "que haya pacto", pero difieren en el sentido de las reformas que tiene que contener.

Éste es hoy el principal obstáculo a superar, el sentido del pacto. Para que haya pacto tiene que haber voluntad de acordar, pero para que sea útil tiene que ir en el sentido correcto.

Los pactos de la Moncloa fueron posibles y útiles porque no sólo había conciencia sino también había coincidencia; coincidencia en su necesidad, en los problemas a resolver y en la forma de afrontarlos.

Hoy, todavía no estamos en este estadio. Hay conciencia de la dimensión de la crisis y de la necesidad de la colaboración de todos, pero todavía no hay coincidencia total sobre qué negociar y acordar.

Resulta esperanzador que presidentes tan diferentes como el de la Generalitat, José Montilla o el del BBVA, Francisco González, coincidan a proponer reformas orientadas hacia un cambio del modelo productivo, que mejore lo que hacemos y cómo lo hacemos. Éstas son la dirección y el sentido correctos.

Para alcanzarlas es imprescindible que, como hizo el Presidente Montilla en su exposición en la Conferencia ante el Cercle Financer de “La Caixa”, se combinen adecuadamente las medidas inmediatas, coyunturales y paliativas de las necesidades de las personas y las empresas más afectadas, con la preparación y desarrollo de aquellas reformas estructurales que nos harán falta para salir fortalecidos de la crisis.

Especialmente ilustrativo de esta idea me parece el tipo de reforma de las relaciones laborales - que no del mercado de trabajo - que planteaba, después de rechazar como receta el abaratamiento del despido. Decía: "si tenemos que transitar hacia un modelo productivo de más valor añadido, tendremos que convenir todos juntos, que, con el sistema de relaciones laborales actual, más pensado para gestionar la fuerza de trabajo que el conocimiento, no nos saldremos". Señala la dirección (reforma de relaciones laborales), y fija el sentido (acoplarlo al nuevo modelo económico).

Eso contrasta con aquéllos que sólo se quedan en superficie o los que defienden medidas que no nos moverían de donde estamos. Unos, los primeros, piden unos nuevos pactos de la Moncloa, pero son incapaces de ir más allá y concretar, los otros sacan el polvo a todas las viejas reivindicaciones y planteamientos que no han conseguido durante años.

¿Quién se cree que superaremos los problemas de una economía basada en la especulación inmobiliaria, la mano de obra barata, los productos y servicios de poco valor añadido y el alto endeudamiento de empresas y familias mediante el abaratamiento del despido, el puenteo al sistema financiero, la desregulación sin control público o la rebaja de impuestos, como proponía el líder de la oposición catalana, Artur Mas, hace uno días en una entrevista?

Sin una dirección y un sentido correctos no se dará el pacto, que articule el esfuerzo y el sacrificio colectivo necesario para salir de la crisis.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Hágamelo como yo quiero



Con un poco más madurez y humildad, por su parte, nos irían mejor, a todos.

Haber causado muchos de los problemas económicos que vivimos no parece que sea suficiente para asumir la responsabilidad sobre aquello que se ha hecho. ¡Más bien al contrario!

Aquéllos que más mal han causado, por su exceso de avaricia y exposición a riesgos irracionales o por su falta de escrúpulos y responsabilidad, son precisamente los que más vociferan y exigen. Igual que los niños maleducados.

Nos encontramos con sectores financieros que habiendo conducido el sistema bancario hasta el umbral del acantilado, ahora exigen que los rescatemos, que les demos dinero público, pero sin control ni participación, refugiándose en la peregrina excusa que el sector público es ineficiente. Y que eso lo digan los campeones de la ineficiencia, sin ruborizarse.

O vemos como consultores empresariales que fueron incapaces de advertir a sus clientes sobre prácticas incorrectas o inadecuadas, ahora claman para que se modifiquen, sin acuerdo, las reglas del juego: abaratando el despido improcedente o pretenden que no se tengan que demostrar a la administración o las personas afectadas las causas por las cuales perderán su trabajo. Además formulan esa exigencia en nombre de la creación de ocupación que han puesto en peligro.

Todo antes que reconocer sus errores y exigiendo que se lo arreglemos como ellos quieren, que no es necesariamente como se necesita.

A todo el mundo nos gusta que nos traten como niños, que nos cuiden, que nos mimen, que nos protejan, que nos perdonen las travesuras y que los mayores paguen los desperfectos que causamos. Pero con actitudes infantiles, no superaremos los problemas.

No sólo necesitamos actuar como personas adultas, es decir asumiendo con humildad las consecuencias de nuestros actos, sino que se tiene que reflexionar sobre los errores cometidos, determinar dónde queremos ir, proponer las actuaciones urgentes y las correcciones a medio y largo plazo.

Ésta ha de ser la pauta de comportamiento que tiene que prosperar. No aprovecharemos para rectificar los errores si nos dejamos llevar por la impaciencia y las impertinencias de aquéllos que ahora, como antes, defienden que sólo hay pensamiento único y correcto, el suyo.

Si nos dedicamos a atender sus "Hágamelo como yo quiero" dejaremos de hacer lo que se tiene que hacer y además continuaremos malcriándoles.

miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Hay alguien más?



¿"Hay alguien más?!", imprecaba un escalador, colgado de una pared vertical sin poder avanzar ni retroceder, después de escuchar la voz de un ángel que le aconsejaba sltarse y dejarse caer, pues él lo recogería antes de que chocara contra el suelo.

Lo mismo me preguntaba yo: "Hay alguien más?! después de leer la intervención Miguel Ángel Fernández Ordoñez, Gobernador de Banco de España, sobre las reformas estructurales, que tenía que hacer la economía española después de la crisis. La única que concretó fue la reforma laboral y dentro de ella el abaratamiento de los costes del despido.

Resulta preocupante, extraño e incluso sospechoso que la máxima autoridad monetaria, recete reformas laborales como salida a una crisis financiera y ni siquiera mencione las soluciones al porqué las entidades que están bajo su tutela no trasladan hacia empresas y particulares la liquidez que la sociedad, a través del Gobierno, les ha hecho llegar.

¿De verdad cree que abaratar el despido es la poción mágica para ganar competitividad en la sociedad del conocimiento?

La flexibilización de las relaciones laborales, aunque no se llegara al abaratamiento del despido, fue una de las recetas aplicadas con éxito durante los 80 y 90 para competer mediante costes baratos y precios bajos. Aquello que nos sirvió para llegar hasta aquí, no los que nos servirá para continuar avanzando, porque los retos y las reformas para hacerles frente han cambiado.

Hoy nuestra falta de competitividad internacional tiene mucho que ver con la apuesta que se ha venido haciendo por la inversión especulativa en los sector inmobiliario y financiero en detrimento de la inversión productiva para mejorar lo hacemos y el cómo lo hacemos, con el bajo incremento de la investigación, con el desarrollo aplicado y la innovación en la producción de bienes y servicios para añadir más valor o con el escaso esfuerzo por dotar a la mano de obra de la formación necesaria para adaptarse a los cambios.

Eso no se arregla con un despido más barato. Es más, posiblemente esa reforma no comportaría más flexibilidad laboral (capacidad de adaptarse a los cambios), sino más ductilidad (capacidad de ceder ante las decisiones unilaterales). La gestión del conocimiento no se puede hacer con las reglas que sirven para comprar fuerza de trabajo. Con la precariedad o con la inseguridad laboral podemos conseguir trabajadores obedientes, pero no participativos, creativos y comprometidos con proyectos empresariales complejos, que es lo que se necesita ahora.

Es por eso que resulta tan extemporánea y contraproducente la medicina de Mafo. Necesitamos reflexión y propuestas sobre las reformas que tendremos que hacer para salir de la crisis, no manuales caducos.

¿No hay nadie más allí para hacerlo?

miércoles, 28 de enero de 2009

El semáforo verde de Gerardo Díaz


Leo en la Vanguardia de hoy que el Sr. Gerardo Díaz, presidente de la CEOE, asistirá al acto reivindicativo del próximo día 10 de febrero que han convocado las organizaciones metalúrgicas catalanas.

Éste medio de comunicación le otorga "semáforo verde" por lo que supone de normalización de las relaciones de la CEOE con el FOMENT. Quizás sí que esta reanudación de relaciones más cordiales se lo merece.
Pero hay duda que me quema "la neurona". ¿La AEB (Asociación Española de la Banca) ha dejado de formar parte de la cúpula de la CEOE que preside el Sr. Gerardo Díaz?

La duda parte del conocimiento que el acto convocado por la UPM (Unión Patronal Metalúrgica) busca evitar que la actitud restrictiva de las entidades financieras en relación a su política crediticia acabe ahogando la actividad de sus empresas, expresando a los gobiernos la dimensión de las dificultades que tienen y reclamándoles un posicionamiento más beligerante hacia la banca.

¿No sería bueno que además de acudir al acto de una de las organizaciones de la CEOE, el Sr. Gerard Díaz trajera una respuesta positiva de la AEB?

Respuesta en el sentido de que:
- no sólo velarán por sus intereses y por la solidez de su sector, sino de la economía española
- el afianzamiento que la sociedad, a través de los gobiernos, les ha ofrecido lo harán llegar hasta las empresas y las familias.
- lo harán de una forma más eficaz y responsable evitando que se vuelvan a alimentar el Leviatán de la especulación y favorezcan la economía real y productiva.

Si consigue esta respuesta de sus compañeros de ejecutiva, el Sr. Gerado Diaz seguro que se lleva todos los semáforos verdes!!!!

miércoles, 21 de enero de 2009

Los otros giros de Artur Mas

Tres son los giros que está protagonizando Artur Mas: el independentista, el euroescéptico y el de la derechización social.

Con la entronización de Ramón Tremosa y la defenestración de Guardans, como candidato a las elecciones europeas, Artur Mas ha hecho visible su giro hacia el soberanismo político y el abandono de la moderación en las posiciones nacionalistas que el Presidente Jordi Pujol consiguió transformar en seña de identidad de CDC.

El retorno del hijo prodigo, que dejó la casa convergente discrepando de la política de pactos con los gobiernos de España y que rechaza el Estatuto, es presentado como el ejemplo a seguir. ¿Como siempre aquéllos que no dejaron la casa del padre y continuaron trabajando para ella ven, cómo después de malbaratarla, vuelve para intentar participar del reparto de la herencia, o para "patearse" lo que queda?

Sin tanta metáfora bíblica, podemos preguntarnos: ¿cómo quedan y cómo se sienten todos aquéllos que han defendido y dado apoyo con su voto a la estrategia seguida por la coalición nacionalista, hasta ahora? Pues,…. desautorizados.

El grupo dirigente que encabeza Mas vive tan acomplejado, delante de los independentistas de izquierda (ERC), y tan obsesionado con recuperar esta parcelita política que radicalizan sus posturas para conseguirla.

Por eso que se "olvidaran" de explicar la anterior militancia del nuevo candidato, no fue casual, como tampoco lo es el hecho que Angel Colom, uno de los pilares de la Casa Grande y reclamo para independentistas, también sea de CDC. Es la típica abertura Madíatica hacia la sociedad.

Abandonar Europa como proyecto e instrumentalizar la en una pelea doméstica, es otro giro inédito en CDC, el segundo que encabeza Mas. La importancia y el apoyo a la construcción europea y la falta de un referente político, (a diferencia de UDC), siempre hicieron que Europa fuera vista con respeto y como un modelo socioeconómico y de libertades donde desarrollar su proyecto nacional. Sustituir este mensaje por el desconocimiento y desprecio que transmite el candidato Tremosa es otro giro hacia la nada.

El tercer giro de Artur Mas, quizás de lo que menos se habla, es su giro social hacia la derecha. También en eso se radicaliza. Deja de lado las "terceras vías" socialdemócratas para abrazarse al liberalismo más descarnado de los Sala Martí y otros yuppies. En este giro hacia la derecha económica y social es don beben las recetas que hace unos días explicaba Oriol Pujol: trabajar más horas -¿hasta las 65?- y cobrar menos -rebajando convenios ya firmados- o bajar las cuotas empresariales a la Seguridad Social aunque se la desequilibre y no mejorar protecciones sociales.

Con sus tres giros, independentistas, euroescépticos y de derechización social, Mas desorienta a todo el mundo. ¡Incluso en los suyos!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Una buena señal


Bien!!!! Muy bien!!!

El Parlamento Europeo ha rechazado por mayoría absoluta la prolongación de la jornada máxima a las 65 horas, que contemplaba la directiva sobre el tiempo de trabajo.

Una decisión como esta ayuda a mantener la confianza con las instituciones europeas. Y ESO ES MUY IMPORTANTE.

Porque, ahora más que nunca, nos hace falta más Europa y no menos.

Con decisiones como ésta sus instituciones se acercan a sus ciudadanos, a lo que quieren y necesitan, que la construcción de Europa se haga sin perder al modelo social y económico que la caracteriza.

Esta directiva era un torpedo en la línea de flotación de la negociación colectiva, entendida como el mecanismo para gestionar de forma racional el conflicto social, las diferencias de intereses. Éste era el mayor riesgo que suponía, pues, permitía aplicar la ampliación de la jornada por encima de los convenios si individualmente un trabajador lo aceptaba

La individualización de las condiciones laborales que la impulsaba era hija y extensión de los ánimos liberalizadores y desreguladores que nos han llevado hasta la situación de crisis financiera que hoy está afectando a la economía real.

Lo más curioso del tema se que todos éste gurús del liberalismo, que no de la libertad, que ahora exigen intervencionismo público para que los salven del agujero que han construido, cuando se trata de las relaciones laborales no han cambiado su discurso, siguen defendido que la mejor regulación es la que no se hace, aunque la que haya esté hecha por las partes.

Son intervencionistas para prohibir la libertad colectiva de acordar.

¿Como si fuera posible que nos saliéramos del agujero sin que haya una acción acordada entre empresarios y trabajadores para aplicar aquello que se pacte? ¿Alguien cree que sin pacto será posible imponer alguna medida?

Si se hubiera dinamitado el papel y la función de la negociación colectiva, como se pretendía, en nombre de la libertad individual para aceptar unas peores condiciones laborales, ¿Quién sería capaz de generar certezas?.

Teníamos un riesgo y lo hemos superado. Muy bien, ahora conviene continuar trabajando para que la Europa política continúe transformándose en lo que necesitan sus ciudadanos: una estructura política, democrática y global, que participe en la gobernación de un mundo globalizado, con la sensibilidad social de poner la economía al servicio de las personas y no al revés.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Flexibilidad exigente


Flexibilidad debe ser un concepto maldito. Cada vez que el Presidente Montilla lo introduce en alguno de sus discursos se arma.
Hace unos meses fue a cuenta de la financiación autonómica y ahora en relación con las consecuencias laborales de la crisis económica.
En los dos casos, abogaba por el mismo método para solucionar los problemas: exigencia y flexibilidad, para alcanzar buenos acuerdos y soluciones a los problemas.
Una vez enunciado el concepto, se dispararon las interpretaciones y las respuestas airadas. En ellas los "replicadores", para hacerse valer ante los suyos, le exigían que lo arregle todo, sin ceder nada.
No es nuevo, acostumbra a ser la posición de aquellas personas que se interesan más por los conflictos que por sus soluciones, pues buscan aprovecharse de su existencia para su promoción personal, que anteponen sus intereses a los quienes dicen, o quieren, representar.
Realismo en el reconocimiento de los problemas, firmeza en los planteamientos, atención a quien lo necesita, optimismo y confianza en nuestras fuerzas y en nuestro esfuerzo, liderazgo de los cambios y flexibilidad en la concertación; con estos mimbres se afrontaron y superaron en el pasado problemas. Que todo sea dicho de paso, eran tan, o más, graves que los actuales.
Algunos de los dirigentes políticos, empresariales o sindicales, no han vivido esta experiencia, no la hacen suya, ni la quieren hacer. Han "crecido" en los años de bonanza y los cuesta presentarse delante de la gente y decirles que "tenemos que volver a luchar, volver a sufrir, para volver a vencer" los problemas.
Están demasiado acostumbrados a no tener que asumir problemas, sino a repartir dividendos. Montilla, no. Él ya ha vivido y ha coprotagonizado procesos equivalentes - que no iguales- al actual, por eso cuando habla, habla claro y se lo entiende. Por eso, no hace ni demagogia, ni vende humo.
Sin acuerdos no habrá soluciones, ni en la financiación, ni en los expedientes de regulación (incluida Nissan), pero alcanzarlos requerirá, de todas las partes, buscarlos y una actitud de exigencia flexible.

viernes, 31 de octubre de 2008

Las cornadas de la crisis


Ya notamos como sus astas amenazan con penetrar en nuestras carnes, son las cornadas de la crisis.
La crisis financiera se está trasladando a la economía real y se nos hace patente. En una semana conoceremos dos resultados estadísticos negativos sobre la evolución del empleo y el paro, la EPA y el resultado mensual del registro de personas en desempleo.
Su gravedad no tiene que bloquearnos, ni tiene que impedir que los leamos con más detenimiento. Torear las crisis y evitar sus cornadas exigirá a los dirigentes templanza, rigor y serenidad y no pánico o aventurismo irresponsable. Sólo así podremos detectar que dentro de estos datos también hay otros mensajes.
Valga como ejemplo y en relación a la evolución del empleo y el paro, resaltar que en los últimos trimestres se ha destruido empleo joven y masculino, pero crece el empleo femenino lo que hace que por primera vez el desempleo femenino sea inferior al de los hombres. Es una situación nueva, sin precedentes, que vale la pena incorporar a la reflexión.
Lo mismo sucede con otros factores (tecnológicos, financieros, comerciales, etc..) que están detrás de la crisis. Sólo detectando que es lo que conviene cambiar de lo que se está haciendo ahora y que conviene recuperar de prácticas anteriores podremos recortar el tiempo de respuesta e incrementar la eficacia de la misma.
La actitud ante la crisis es tan importante como las medidas para afrontarla. Por eso el “adanaismo” que practican algunos, haciendo como si todo fuera nuevo y fuera la primera vez que sucede, no es la mejor actitud que se puede tener. Será difícil que las mismas actitudes que ha provocado la crisis sirvan para resolverla.
Esta crisis ha sido posible por el apogeo de unos valores donde la demora entre el esfuerzo y la recompensa, la responsabilización de las acciones o la prudencia ante el riesgo eran desdeñados y valorados como una pérdida de oportunidades
, con su abandono se ha renunciado o dificultado la construcción de una economía generadora de riqueza y una sociedad con un reparto justo de la misma, donde el egoísmo individual esté sometido al afán del progreso colectivo.
No es de extrañar que sea cierta esta historia en la cual una gran entidad financiera catalana ha retrasado la prejubilación de uno de suyos altos directivos, porque quieren retener su experiencia y capacidad de relativizarla sin despreciarla, pues ya vivió crisis anteriores, y los directivos reclutados y formados durante los 14 años de bonanza económica, no.
Al fin y al cabo de esta crisis, y de las que vendrán, como siempre se saldrá trabajando, pero también si se recuperan los valores que se han despreciado, porque ello supondrá cortar la raíz del problema.

martes, 16 de septiembre de 2008

Churras y merinas


No es bueno confundir churras con merinas. Y en política mucho menos.
Por eso resulta tan incomprensible que alguien pueda mezclar y confrontar, como hace Mariano Rajoy, a los perceptores por desempleo y a los que van a Francia a vendimiar.
Unos, los primeros, son 180.000 personas no nacidas en España que han cotizado a la Seguridad Social, porque tienen (todavía lo tienen) un permiso de residencia y un contrato de trabajo, ambos perfectamente en regla, y como ahora han perdido el trabajo, por causas ajenas a su voluntad, tienen derecho a recibir la prestación por desempleo.
Los otros son 20.000 personas andaluzas que en su mayoría y como años anteriores, incluso éstos de bonanza económica global, salen a vendimiar a Francia. Entre otras razones porque les sale más a cuenta la relación entre el trabajo y el salario que reciben allí en este periodo, que si lo hicieran aquí.
La situación de unos y de otros no tiene nada a ver. Tampoco tiene nada que ver con tiempos anteriores cuando los españoles tenían que emigrar al extranjero porque no tenían posibilidades de tener trabajo aquí. ¡Eso si qué se mezclar churras con merinas !.
¿De verdad no se da cuenta de lo que está haciendo y diciendo? Al confrontar ambas situaciones, que no están relacionadas, favorece el discurso xenófobo de los que sostienen que los inmigrantes le sacan el trabajo en los autóctonos. Por eso ahora intenta retirarse de la parte más "aparatosa", pero manteniendo aquello que es fundamental
¿Está proponiendo el Sr. Rajoy que sean los extranjeros desempleados perceptores de las prestaciones del desempleo los que se vayan a hacer la vendimia a Francia? ¿Reducir la movilidad laboral dentro de la Unión Europea? ¿Desprestigiar a los agricultores españoles porque ofrecen condiciones salariales menos atractivas que la de los viticultores franceses?.
No, nada de todo eso, lo que hace liarlo todo, para dar algún apoyo a la suya tesis fundamental.
El PP necesita hacer creer que la situación actual es como las crisis anteriores que hemos vivido, para crear miedo, y así poder legitimar todo aquello que propone y no que es más que un ajuste duro que recaiga en los sector sociales más débiles.
¡Da igual! si aquéllas crisis fueron fruto del aislacionismo en lo que nos situó el franquismo, o de un modelo industrial caduco, o de las tormentas monetarias. Nada de todo eso interesa.
Sólo una idea sobresale de este mensaje, hacer creer a todo el mundo que la situación actual es similar a aquéllas que, incluso, obligaron a emigrar a tanta gente.
Si para conseguir eso, se tienen que confundir churras con merinas, da igual. Pues no, Sr. Rajoy!

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Sin atajos posibles



La economía española crece más que las economías europeas más desarrolladas, pero su paro también.


La situación ha cambiado con mucha rapidez, de ser una de las que más crecía, y más ocupación creaba, se ha pasado a liderar la tasa de paro europeo.


¿Por qué el mercado de trabajo español tiene estas oscilaciones tan drásticas? ¿Por qué es tan sensible a los cambios de ciclo económico?


Básicamente porque todavía es un tejido económico que produce bienes y servicios basando excesivamente su competitividad en costes laborales bajos, con una regulación laboral tan flexible que hace del empleo el mecanismo de ajuste económico por antonomasia, ya que los otros han estado transferidos a la Unión Europea y sus instituciones.


Eso hace que el proceso de ajuste, cuando la economía se contrae, sea intenso, rápido, sencillo, pero durísimo socialmente.


Todo el mundo manifiesta su preocupación porpara la situación, pero no todo el mundo coincide en las soluciones.


Por una parte los gobiernos (el español y el catalán), la patronal y los sindicatos, buscan, con lo dialogo social, avanzar hacia hacia el cambio de modelo productivo de bienes y servicios. Son conscientes de la necesidad de transitar hacia un modelo que incorpore más calidad y valor a los productos y a los procesos, dónde el aprovechamiento de los trabajadores como a fuerza de trabajo dé paso al de su conocimiento, dondedónde la mejora de las infraestructuras físicas (viaries, ferroviarias, Aéreas, marítimas, energéticas e hidráulicas) y las del saber aplicado (universidades, parques científicos, centros tecnológicas) sirvan para acompañar y hacer a más efectivos los esfuerzos inversores de los empresarios y emprendedores.


Otros - algunos de los han disfrutado del festival de resultados positivos - ahora vuelven a reivindicar como salida las mismas recetas de hace 20 o 30 años, más flexibilidad, y menos protección social. Eso sí, lo hacen llenándose la boca en nombre de la urgencia y la modernidad.

Es cierto que se va con retraso. El estímulo de unas ganancias rápidas y abundantes, sin tener que cambiar lo que se hacía y como se hacía, ha sido una adormecedora muy eficaz, ha retenido el paso del cambio. Por eso no hay atajos, ni vueltas atrás, posibles.

La única solución es cambiar el modelo productivo y las relaciones, aunque eso sea más lento y complejo que las pseudosoluciones drásticas que propugnan.


Las próximas cuentas públicas (las generales y las catalanas) se tienen que enfocar a abordar las soluciones de fondo para la economía, pero también a atender a las personas sin empleo mediante políticas activas personalizadas y también a establecer los servicios y las prestaciones públicas necesarios (pensiones, salud, educación, servicios sociales) para aquéllas otras que sufrirán los efectos más negativos de la crisis. Ésa es la prioridad. El déficit cero, no, porque la economía está al servicio de las personas y no al el revés.


Como ya he reiterado anteriormente en este mismo blog, atender esa prioridad no se contradictorio, sino complementario, con el hecho de dar realce e importancia a la negociación de los financiación autonómica, pues muchas de estas políticas son competencia de los gobiernos autonómicos.


A su vez, el diálogo social se tiene que orientar hacia el ajuste entre el nuevo modelo económico que necesitamos y las relaciones laborales adecuadas al mismo.


Así como unas relaciones laborales basadas en la inseguridad, la inestabilidad y la precariedad laboral son posibles - e, incluso, coherentes - en un modelo productivo, donde se quiere que las personas obedezcan y reproduzcan instrucciones simples y repetitivas dentro de unas estructuras empresariales muy jerarquizadas, de carácter manufacturero o de servicios poco cualificados, resultan totalmente inadecuadas y desaconsejables para la gestión del nuevo sistema productivo. Éste requiere de otro modelo de relaciones laborales. Un modelo favorecedor de la iniciativa, la responsabilidad, la aportación de los conocimientos de las personas que trabajan y que, por lo tanto, sustituya la jerarquía autoritaria por el liderazgo motivador. Un modelo donde la formación permanente sea la garantía de que la capacidad de adaptarse al cambios no se resuelva con la pérdida del capital humano.


Ésta es la razón de fondo que hace tanto caduco, inútil y fuera de lugar esas recetas retrogradas que se quieren utilizar políticamente económicamente o socialmente, para ganar ventajas privadas o partidistas, no para ganar réditos colectivos.