viernes, 24 de febrero de 2012
Sobre la reforma laboral: ¿Hacia que modelo vamos?
miércoles, 16 de marzo de 2011
El derecho a la huelga

La huelga no substituye el dialogo entre las partes en conflicto. Es la expresión temporal de su fracaso. Por eso la huelga debería tener como objetivo recuperarlo, y, como todas las armas potentes, utilizarse sólo como último recurso, en la búsqueda del acuerdo.
Obtener seguridades dentro de ese cambio y eliminar las dudas y temores, no debería ser difícil. Al no ser funcionarios, sino trabajadores asalariados, les será de aplicación el Estatuto de los Trabajadores (art 44), y la empresa sucesora, sea pública, privada o mixta, deberá respetarles TODOS los derechos que hoy tienen.
La huelga como derecho constitucional no tiene más limitación que su comunicación con 5 días de antelación, si no colisiona con el ejercicio de otro derecho constitucional (salud, seguridad, etc.). Entonces sí tiene restricciones. Debe avisarse con 15 días de antelación, como mínimo y establecerse unos servicios mínimos, que permitan ejercerlos. Con algunas molestias, pero ejercerlos.
Si llega a realizarse la huelga, cosa que dudo, habrán vuelos, no como ocurrió con los controladores. Por ello, el debate sobre la huelga debería ser más frio y objetivo.
martes, 22 de junio de 2010
Sobre la reforma laboral
Y esto es así, porque a pesar de lo que se dice habitualmente ninguna reforma crea empleo, lo crea la actividad económica. Ninguna empresa, o empresario, contrata a una persona sino tiene necesidad de ella para desarrollar un trabajo real y productivo, económicamente rentable o socialmente útil.
En el pasado se consideró que era "mejor un contrato temporal que nada". Bajo esa idea se hizo la reforma laboral del 84, que estableció entre otras la figura del contrato temporal sin causa como contrato de fomento del empleo. El resultado final ha sido que los procesos de recuperación posteriores se saldaron con el uso abusivo de la contratación temporal, que llegó a aplicarse el 30% de las personas ocupadas.
El ciclo económico creó mucho empleo, pero precisamente es ese - el más temporal y precario – el que se ha llevado por delante esta crisis. No parece que se obtengan resultados diferentes reiterando o intensificando la misma estrategia de apostar por la temporalidad, como pide entre otros el gobernador del Banco de España.
Por el contrario, con esta reforma laboral se busca que el crecimiento económico se haga con contratación estable, pero que permitan que las empresas puedan adaptarse a los cambios sin tener que hacerlo a través de despidos.
Por eso el Real Decreto Ley se basa en:
• Penalizar la contratación temporal (restringiendo su duración, reforzando la causalidad, dificultando la subcontratación e incrementado progresivamente la indemnización).
• Fomentar la contratación estable, con 33 días de indemnización.
• Utilizar la flexibilidad interna negociada como mecanismo de ajuste a los cambios en detrimento de la fórmula de despido (modelo alemán de reducción de jornada, modificación pactada de las condiciones laborales, sindicalitzan la negociación en las PYMES y potenciando el arbitraje para solucionar los desacuerdos)
• Concentrar los ajustes a la contratación fija en las personas jóvenes, las mayores de 45 años, las que tienen discapacidades y aquellas que se encuentran en riesgo de exclusión social.
• Regular mejor las condiciones objetivas en las que una empresa puede prescindir de una persona que trabaje para ella.
Finalmente, la reforma también abre el camino a que los empresarios se aseguren entre ellos una parte del coste del despido. Mediante el incremento de las cuotas, que sólo pagan las empresas, al Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) éste se hará cargo del importe 8 días por año cuando se produzca un despido. Creo que si este pago se acaba haciendo extensivo a cualquier tipo de despido, los empresarios responsables financiarán a aquellos que despiden de forma improcedente, es decir sin motivos, por eso creo que este mecanismo debería aplicarse a financiar parcialmente aquellos despidos que estén motivados y no a todos.
Esta medida, se formula la espera de que se concrete la ley que regule el llamado modelo austriaco. Un sistema en el que la empresa capitaliza un fondo individual para cada trabajador, con un aporte equivalente a 6 u 8 días por año, y que este puede recuperar si es despedido, que se lleva si cambia voluntariamente de empresa y que puede rescatar al final de su vida laboral, como si fuera un fondo de pensiones.
Esta es una reforma más equilibrada de lo que algunos quieren y dicen, y que en ningún caso genera más inseguridad jurídica, como intenta argüir Mariano Rajoy. ¡No nos engañemos! Para algunos sólo hay seguridad jurídica si el que decide es él. Ya sea mediante el llamado contrato único (sin tutela judicial), o mediante la reducción de los jueces a un papel de simples aplicadores - que no interpretadores - de la ley o restringiendo la función de la autoridad laboral y evitando la intervención sindical.
Como un "déjà vu", similar al que sucedió en la reforma del 1994, mientras las izquierdas sociales y políticas han rechazado globalmente el RDL, las derechas, en este caso la económica, empiezan a condicionar desde fuera el debate de la ley que saldrá de la convalidación de la norma para decantarse hacia sus criterios e intereses.
Esta reforma no nos sacará de la crisis, porque no la ha creado el funcionamiento del mercado de trabajo. Así pues, ¿por qué reformarlo? Pues porque no funcionaba bien, entre otras cosas porque producía mucha temporalidad.
Esta reforma no es la única cosa que hay que hacer. Es necesario que, entre otras, también se hagan aquellas que sirvan para que:
• El apoyo al sistema financiero se transforme en crédito a familias y empresas.
• Se embride a los mercados. Evitando que su desregulación vuelva a alimentar burbujas especulativas.
• La no retirada, demasiado rápido, de las medidas de estímulo económico para evitar una recaída posterior.
• Se reforme la fiscalidad, en el sentido que haga que el reequilibrio presupuestario se haga también con un reparto más justo y más equitativo de los esfuerzos haciendo que aporten más que más tiene.
• La recuperación económica se base en el aprovechamiento del esfuerzo que han hecho empresas y trabajadores para modernizar y fortalecer nuestro modelo productivo de bienes y servicios.
• El profundización en la incorporación del conocimiento a lo que hacemos (productos y servicios), a como lo hacemos (procesos) y con quién lo hacemos (personas).
• Progrese la diversificación de nuestra economía orientándola hacia los nuevos sectores con más valor añadido
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Cambiar el modelo productivo

No, si no se espera que la ley nos haga todo el trabajo. De una ley sólo cabe esperar que apunte y apúntale las medidas para alcanzar un objetivo tan posible y necesario como difícil y lejano, ir más allá es irreal. Además hay que implementarla con dialogo y actuaciones.
Y sí, seria utópico creer que esa ley lo resolverá todo. No hay ninguna ley que sea un ungüento maravilloso y milagroso que lo arregla todo por ensalmo.
La producción de cosas y de servicios baratos no puede ser la forma como Catalunya y España se sitúen hoy en Europa y el mundo, económicamente hablando. Eso lo podíamos hacer – y lo hicimos con éxito - hace unos años. Entonces en Europa éramos 15 y nosotros competíamos con salarios y protección social inferiores. Hoy la UE la forman 27 países y algunos de los últimos en entrar ofrecen, ahora, lo que nosotros ofrecíamos hace 25 años: mano de obra formada y barata. Además, la globalización económica ha hecho los mercados más grandes y el mundo más pequeño.
Ese estado de cosas, además de la crisis económica, es lo que hace ineludible que tengamos que cambiar. Y no podemos hacerlo volviendo hacia atrás.
La opción es remover los cimientos de nuestra economía, avanzando hacia una economía que incorpore mucho más valor a lo que hacemos (productos y servicios), a como lo hacemos (los formas y los procesos) y con quien lo hacemos (las personas).
Necesitamos un nuevo modelo productivo que se base tanto en la profunda transformación de los sectores tradicionales para que no caigan en la obsolescencia y se adapten a una economía basada en la reducción de las emisiones de carbono y la incorporación de altas tasas de conocimiento, como en la potenciación de los nuevos sectores productivos relacionados con las energías renovables, las tecnológicas de la comunicación i la información, las ciencias de la salud (biomedicina), la nanotecnología, la aeronáutica y el espacio o los nuevos servicios a personas y empresas.
Un cambio en el modelo productivo que ha de ser capaz de recoger y transportar en ese proceso de mejora a la mayoría a las personas que hoy están desempeñando tareas en oficios y sectores que tienen que mejorar. Su seguridad y estabilidad laboral vendrá condicionada por su esfuerzo para aprovechar los recursos que se han de destinar a mejorar su formación y cualificación profesional, para seguir el ritmo de los cambios. Y de una sociedad que sea capaz de sostener un sistema de protección social suficiente y eficaz para hacer soportables los procesos de transición hasta el nuevo paradigma.
Desde una posición realista tendremos que coincidir que para llegar a ello se requieren dos cosas: un periodo de 10 años y empezar ya. Porque será difícil y duro, pero no imposible.
Aquellos que, como hace el PP, intentan descalificar esa ley alegando que no resuelve los problemas de mañana, lo único que intentan es hipotecar el mañana. ¡No lo conseguirán!
En el fondo esconden que su solución a la crisis, como dice Montoro, es repetir lo que ellos protagonizaron, un modelo económico basado en más dosis de precariedad, temporalidad i desprotección laboral, social y jurídica para que nuestra económica compita a la baja en costes y condiciones de trabajo con las economías emergentes en el mismo terreno. ¿Hasta dónde quieren llevarnos por ese camino? ¿Hasta las condiciones de los países del Norte de África? ¿Del Oriente? ¿Hasta las maquilas? ¡Ese no es el camino, ni la solución!
A todos aquellos que últimamente han clamado por unos nuevos Pactos de la Moncloa, es decir por unos acuerdos políticos que orientaron leyes, acuerdos sociales y conductas para llevar a España hasta el modelo social, laboral y económico que significaba Europa, hay que decirles que: “La ley de la economía sostenible son los Pacto de la Moncloa del siglo XXI”.
Hace bien el Gobierno ofreciendo negociación y dialogo a las fuerzas políticas para construir ese modelo. Sería de desear que la oposición no rechace la mano tendida y que no haga de su tramitación una carrera descalificaciones globales de sal gruesa, como ha protagonizado en los primeros compases.
Ahora bien, si la oposición se equivoca y quiere llevar el carro por ese pedregal, el Gobierno debe proseguir hacia delante haciendo del dialogo social con los sindicatos y empresarios y la sociedad en general el mecanismo de acordar las reformas y cambios que nos permitan salir de la crisis construyendo el futuro y sin dejar a nadie en la cuneta.
martes, 17 de noviembre de 2009
Josep Maria Rañé: "El urbanismo tiene un peso excesivo en la financiación de los ayuntamientos"

domingo, 15 de noviembre de 2009
Absentime laboral: Aprender de la experiencia

El absentismo laboral es un tema recurrente, poliédrico y controvertido.
En ese acuerdo, destinado a ser aplicado en los convenios colectivos tras definir el absentismo como "la no presencia del trabajador en el lugar de trabajo", determinaron cuáles ausencias no debían ser cuantificadas como tales.
Así pues, el resto de ausencias, legales o fraudulentas, se transformaron en el objetivo a batir por la acción de empresarios y trabajadores en el seno de la empresa y para la administración, mediante una más estricta aplicación de las medidas legales de control y comprobación.
En casi 30 años las cosas han cambiado mucho, pero, sin embargo, el absentismo sigue siendo motivo de preocupación.
Tanto es así que en el acuerdo estratégico del 2005 se encargó al gobierno estudiarlo. La información obtenida es que sólo el 6% de los trabajadores tienen más de una baja al año, y el 76% no tienen ninguna .
Quizá en temas como éste, que afectan a las relaciones laborales, la lección a extraer es que la solución de fondo se encontrará cuando todo el mundo entienda lo mismo por absentismo, se pacte un criterio de actuación y se aplique conjuntamente.
Lo contrario es lanzarse el absentismo por la cabeza y no avanzar.
viernes, 3 de julio de 2009
Buena y mala flexibilidad laboral

Estas decisiones colectivas adoptadas por dos países como España y Alemania no se diferencian sólo en sus consecuencias sociales presentes, también pueden tener consecuencias económicas diferentes en el futuro.
Aunque no se vean abocados a la jubilación, los trabajadores apartados del empleo durante mucho tiempo pierden cualificación y motivación, y sólo pueden reinsertarse en el mercado laboral a costa de esfuerzos considerables.
Jean Pisani-Ferry es economista y director de Bruegel, centro de investigación y debate sobre las políticas económicas en Europa.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Debatir el futuro económico

El cambio de modelo económico fue el nuevo debate que el Presidente del gobierno abrió, la semana pasada, a cuenta del debate sobre el estado (económico) de la nación.
Fijar un objetivo a largo plazo, puede ser una acción de liderazgo o una estrategia de despiste, depende.
Se lidera si se es capaz de definir objetivos claros y asumibles a medio plazo y largo plazo, los cuales den sentido a los esfuerzos y sacrificios que deban realizarse en el corto plazo. Y ello no sólo porque se asuman resignadamente, en base a la aplicación de la teoría del mal, sino porque ese escenario que se dibuja tenga capaz de entusiasmar.
La historia está llena ejemplos donde los lideres han llamado a “volver a luchar, volver a sufrir, para volver a ganar” o como hizo Winston Churchil con su: “para ganar la guerra solo puedo prometerles sangre, sudor y lágrimas”.
Por el contrario, se crea frustración, despiste o ensoñación colectiva si la gente percibe que no hay un equilibrio razonable entre esfuerzo y expectativas o que los objetivos son un escenario tan idílico que resulta poco creíble. Hace tiempo que se sabe que “nadie da duros a cuatro pesetas” o que ese futuro, no es el futuro, si sólo se puede alcanzar mediante esfuerzos sobrehumanos o actitudes heroicas que solo unos pocos puedan - y estén dispuestos - a realizar.
Ya casi nadie discute que España y Catalunya, para salir de la crisis y reabrir una senda de crecimiento económico sano y duradero, deben transitar hacia una economía cada vez más abierta al mundo que base su potencia y competitividad en la mejora de productos y procesos, a base de incorporarles valor – que no precio –y calidad.
Entonces, ¿cuál es el debate? Pues, el patrón de crecimiento, es decir, el de siempre, el cómo conseguirlo. No se cuestiona dónde vamos, pero sí el cómo.
Para alcanzar, lo más rápidamente posible, el modelo económico y productivo al que aspiramos, desde ya, hemos de alinear nuestro patrón de crecimiento para que nos acerque a él, no para que nos aleje. Hemos de crecer basándonos en lo que tenemos para llegar hasta donde queremos. No podemos ni debemos dar saltos en el vacío.
Aunque, eso sí, no se trata de repetir lo que se hecho hasta ahora y mucho menos como se ha hecho, lo que hoy tenemos también debe de cambiar. Puede ser la base, pero no se será el futuro si no se dirige hacia ese modelo económico que esperamos alcanzar e incorpora sus valores.
Un ejemplo para que se entienda: la construcción.
Hay un acuerdo generalizado en que el exceso de construcción de viviendas fomentado para la especulación, es de los detonantes del problema económico, porque nos ha desviado del proceso de renovación y modernización que debíamos seguir, ha endeudado a empresas y familias y ha inmovilizado mucho capital.
Pero eso no significa que la construcción residencial sea intrínsecamente mala y en consecuencia se deba abandonar. Lo que hay que evitar es el exceso de producción, ese que no tiene como objetivo satisfacer el derecho al acceso a la vivienda.
En España se calcula que la demanda que corresponde a necesidades reales - no las especulativas - se sitúa alrededor de las 400.000 viviendas/año, los últimos años se llegaron a producir entre 800.000 y 900.000 unidades.
En consecuencia, volverá la construcción de viviendas, pero no será el motor de la recuperación, en todo caso uno de los motores, pero no EL motor. Y eso será bueno porque la mitad de los empleos perdidos en España en el último año lo han sido en la construcción.
Eso ocurrirá una vez el ajuste de unos precios desorbitados y la circulación del crédito permita que las viviendas ubicadas en entornos urbanos sean ocupadas.
Tendremos de nuevo, construcción pero será diferente. Primero, el sector tendrá menos peso en nuestra economía, la producción estará orientada a las necesidades reales y la forma de construir cambiará.
Nuestra construcción es demasiado artesanal y por ende más cara de lo que debería. No será totalmente nueva pero será diferente. Habrá que “industrializar” la construcción de la vivienda haciendo posible una reducción de costes sin reducir la calidad, ni las prestaciones sociales ni el cuidado medio ambiental. Habrá que formar a la gente de la construcción para trabajar en ese “renovado sector maduro”.
Será algo parecido a lo que hicimos con el automóvil o con la electrónica de consumo, hace años, que ha permitido obtener productos mejores, con más prestaciones y sin que eso deba suponer más precio.
Digámoslo claro, la solución hoy no es la política económica, fiscal y laboral de los 80, cuando se busca que el motor del empleo fueran: la construcción y la actividad manufacturera de bajo valor y costes.
Hoy el objetivo es un nuevo modelo económico de más valor añadido, que alcanzaremos con un patrón de crecimiento acorde a él, no al del pasado que pretendemos dejar.
Quien no esté acuerdo que explique hacia pretende llevarnos, cómo y que nos costará.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Basarse en lo conocido

Uno de los expertos que asesoran al Govern Montilla sobre el recorrido que debe seguir la economía catalana recomendó: “basarse en lo conocido y avanzar decididamente en nuevos sectores económicos”.
miércoles, 8 de abril de 2009
Absentismo Laboral

Las bajas laborales por enfermedad común, la parte más importante del absentismo, son un tema recurrente cuando se abordan las relaciones laborales, y más en tiempo de crisis.
Mucho veces resulta un tema poliédrico y controvertido, pues en él chocan el derecho a estar enfermo y su efecto sobre la economía productiva y eso hace que inicialmente las posiciones de las partes no aparezcan como mucho reconciliables.
Por eso, es tan de agradecer el esfuerzo que han hecho las Consejeras de Trabajo, Mar Serna, y de Salud, Marina Geli, para objetivarlo, aportando los datos reales de este fenómeno.
Con estos datos objetivos sí que se podrán establecer diagnósticos correctos, propuestas adecuadas, actuaciones racionales y consensos asumibles por las partes sociales, como ya se hizo en los años 80, en el incorporarse como un elemento del "Acuerdo Marco Interconfederal (AME)" firmado por la UGT y la CEOE, y que el año 81 en el "Acuerdo Nacional de Empleo (ANE)" era asumido también por CC.OO.
Los propios datos facilitados delimitan la dimensión de lo que es problemático y el que no. Así pues, sólo el 6% de los trabajadores tienen más de una baja al año mientras el 76% no tienen ninguno. Los días totales de baja motivados por enfermedades graves, como el cáncer, son casi las mismas que produce las gripes y resfriados. Claro está que de las primeras - por fortuna - hay menos que de le segundas, aunque con una duración 16 veces mayor. Pero aquello que produce más días de baja laboral son las dolencias osteomusculars.
No obstante, esta información también deja traslucirse otras cuestiones que sueño estrictamente sanitarias.
Por ejemplo, que los menores de 25 años son los que registran más partes de baja, pero de menor duració y que en el polo opuesto nos encuentramos a las personas mayores de 55 años, con el menor número de bajas pero con una duración 5 veces superior a los más jóvenes.
Claramente este hecho no se puede imputar a un peor estado de salud de la juventud. Una explicación sanitaria quizás relacionaría este hecho con lo importante número de bajas laborales (osteomusculars) que se producen los lunes, motivadas por el ejercicio de actividades deportivas los días festivos anteriores y que evidentemente desarrollan con mayor frecuencia los jóvenes.
A pesar de eso, tampoco se puede descartar que estos datos sean la expresión de otros factores laborales y socioculturales.
Si hace un tiempo alguien le preguntaba a una persona joven "que quería ser mayor", la respuesta era contestar con el nombre de una profesión. En aquella organización social el oficio, el status social y el proyecto vital eran un pack compacto y era seguro que esforzándote podías alcanzarlo cumplido, hoy no.
Actualmente y despues de casi una generación que ha crecido laboralmente en medio de un ámbito en el que lo especulativo, fútil e inmediato ha prevalecido sobre lo productivo y rentable a medio plazo, que ha hecho que el correcto desarrollo de las tareas asignadas y el esfuerzo no aseguran ni siquiera la renovación de un contrato temporal, muchas veces económicamente escaso, y el mensaje dominante es que: "lo único que tienen seguro es que cambiarán" ¿el fenómeno sociológico de la falta de compromiso con un trabajo, de la falta de cultura del esfuerzo, no se nos antoja como un resultado lógico?
Igual que nos plateamos devolver a una regulación del sistema financiero para evitar que el exceso de desregulación acabe doliendo en todo el mundo, tendríamos que abogar por una mejora de la estabilidad en la ocupación, para todo el mundo, que hiciera visible y rentable el esfuerzo constante por el desarrollar de un proyecto personal sostenible.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Dirección y sentido

A pesar de no ser sinónimos, habitualmente cuando hablamos las confundimos y las utilizamos indistintamente y así decimos ir en "dirección contraria" en vez de "sentido contrario".
Para que todo no sea tanto conceptual, pondré un ejemplo. Las vías de un tren son la dirección y el sentido es aquello que define si estamos en el tren correcto o nos alejamos de nuestro destino.
Lo mismo sucede con las apelaciones a un gran acuerdo económico, social y político para abordar la crisis; a la conveniencia de unos nuevos pactos de la Moncloa. Hay muchas y variadas.
Todas ellas coinciden en señalar una misma dirección: "que haya pacto", pero difieren en el sentido de las reformas que tiene que contener.
Éste es hoy el principal obstáculo a superar, el sentido del pacto. Para que haya pacto tiene que haber voluntad de acordar, pero para que sea útil tiene que ir en el sentido correcto.
Los pactos de la Moncloa fueron posibles y útiles porque no sólo había conciencia sino también había coincidencia; coincidencia en su necesidad, en los problemas a resolver y en la forma de afrontarlos.
Hoy, todavía no estamos en este estadio. Hay conciencia de la dimensión de la crisis y de la necesidad de la colaboración de todos, pero todavía no hay coincidencia total sobre qué negociar y acordar.
Resulta esperanzador que presidentes tan diferentes como el de la Generalitat, José Montilla o el del BBVA, Francisco González, coincidan a proponer reformas orientadas hacia un cambio del modelo productivo, que mejore lo que hacemos y cómo lo hacemos. Éstas son la dirección y el sentido correctos.
Para alcanzarlas es imprescindible que, como hizo el Presidente Montilla en su exposición en la Conferencia ante el Cercle Financer de “La Caixa”, se combinen adecuadamente las medidas inmediatas, coyunturales y paliativas de las necesidades de las personas y las empresas más afectadas, con la preparación y desarrollo de aquellas reformas estructurales que nos harán falta para salir fortalecidos de la crisis.
Especialmente ilustrativo de esta idea me parece el tipo de reforma de las relaciones laborales - que no del mercado de trabajo - que planteaba, después de rechazar como receta el abaratamiento del despido. Decía: "si tenemos que transitar hacia un modelo productivo de más valor añadido, tendremos que convenir todos juntos, que, con el sistema de relaciones laborales actual, más pensado para gestionar la fuerza de trabajo que el conocimiento, no nos saldremos". Señala la dirección (reforma de relaciones laborales), y fija el sentido (acoplarlo al nuevo modelo económico).
Eso contrasta con aquéllos que sólo se quedan en superficie o los que defienden medidas que no nos moverían de donde estamos. Unos, los primeros, piden unos nuevos pactos de la Moncloa, pero son incapaces de ir más allá y concretar, los otros sacan el polvo a todas las viejas reivindicaciones y planteamientos que no han conseguido durante años.
¿Quién se cree que superaremos los problemas de una economía basada en la especulación inmobiliaria, la mano de obra barata, los productos y servicios de poco valor añadido y el alto endeudamiento de empresas y familias mediante el abaratamiento del despido, el puenteo al sistema financiero, la desregulación sin control público o la rebaja de impuestos, como proponía el líder de la oposición catalana, Artur Mas, hace uno días en una entrevista?
Sin una dirección y un sentido correctos no se dará el pacto, que articule el esfuerzo y el sacrificio colectivo necesario para salir de la crisis.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Hágamelo como yo quiero

Haber causado muchos de los problemas económicos que vivimos no parece que sea suficiente para asumir la responsabilidad sobre aquello que se ha hecho. ¡Más bien al contrario!
Aquéllos que más mal han causado, por su exceso de avaricia y exposición a riesgos irracionales o por su falta de escrúpulos y responsabilidad, son precisamente los que más vociferan y exigen. Igual que los niños maleducados.
Nos encontramos con sectores financieros que habiendo conducido el sistema bancario hasta el umbral del acantilado, ahora exigen que los rescatemos, que les demos dinero público, pero sin control ni participación, refugiándose en la peregrina excusa que el sector público es ineficiente. Y que eso lo digan los campeones de la ineficiencia, sin ruborizarse.
O vemos como consultores empresariales que fueron incapaces de advertir a sus clientes sobre prácticas incorrectas o inadecuadas, ahora claman para que se modifiquen, sin acuerdo, las reglas del juego: abaratando el despido improcedente o pretenden que no se tengan que demostrar a la administración o las personas afectadas las causas por las cuales perderán su trabajo. Además formulan esa exigencia en nombre de la creación de ocupación que han puesto en peligro.
Todo antes que reconocer sus errores y exigiendo que se lo arreglemos como ellos quieren, que no es necesariamente como se necesita.
A todo el mundo nos gusta que nos traten como niños, que nos cuiden, que nos mimen, que nos protejan, que nos perdonen las travesuras y que los mayores paguen los desperfectos que causamos. Pero con actitudes infantiles, no superaremos los problemas.
No sólo necesitamos actuar como personas adultas, es decir asumiendo con humildad las consecuencias de nuestros actos, sino que se tiene que reflexionar sobre los errores cometidos, determinar dónde queremos ir, proponer las actuaciones urgentes y las correcciones a medio y largo plazo.
Ésta ha de ser la pauta de comportamiento que tiene que prosperar. No aprovecharemos para rectificar los errores si nos dejamos llevar por la impaciencia y las impertinencias de aquéllos que ahora, como antes, defienden que sólo hay pensamiento único y correcto, el suyo.
Si nos dedicamos a atender sus "Hágamelo como yo quiero" dejaremos de hacer lo que se tiene que hacer y además continuaremos malcriándoles.
miércoles, 18 de febrero de 2009
¿Hay alguien más?

Lo mismo me preguntaba yo: "Hay alguien más?! después de leer la intervención Miguel Ángel Fernández Ordoñez, Gobernador de Banco de España, sobre las reformas estructurales, que tenía que hacer la economía española después de la crisis. La única que concretó fue la reforma laboral y dentro de ella el abaratamiento de los costes del despido.
Resulta preocupante, extraño e incluso sospechoso que la máxima autoridad monetaria, recete reformas laborales como salida a una crisis financiera y ni siquiera mencione las soluciones al porqué las entidades que están bajo su tutela no trasladan hacia empresas y particulares la liquidez que la sociedad, a través del Gobierno, les ha hecho llegar.
¿De verdad cree que abaratar el despido es la poción mágica para ganar competitividad en la sociedad del conocimiento?
La flexibilización de las relaciones laborales, aunque no se llegara al abaratamiento del despido, fue una de las recetas aplicadas con éxito durante los 80 y 90 para competer mediante costes baratos y precios bajos. Aquello que nos sirvió para llegar hasta aquí, no los que nos servirá para continuar avanzando, porque los retos y las reformas para hacerles frente han cambiado.
Hoy nuestra falta de competitividad internacional tiene mucho que ver con la apuesta que se ha venido haciendo por la inversión especulativa en los sector inmobiliario y financiero en detrimento de la inversión productiva para mejorar lo hacemos y el cómo lo hacemos, con el bajo incremento de la investigación, con el desarrollo aplicado y la innovación en la producción de bienes y servicios para añadir más valor o con el escaso esfuerzo por dotar a la mano de obra de la formación necesaria para adaptarse a los cambios.
Eso no se arregla con un despido más barato. Es más, posiblemente esa reforma no comportaría más flexibilidad laboral (capacidad de adaptarse a los cambios), sino más ductilidad (capacidad de ceder ante las decisiones unilaterales). La gestión del conocimiento no se puede hacer con las reglas que sirven para comprar fuerza de trabajo. Con la precariedad o con la inseguridad laboral podemos conseguir trabajadores obedientes, pero no participativos, creativos y comprometidos con proyectos empresariales complejos, que es lo que se necesita ahora.
Es por eso que resulta tan extemporánea y contraproducente la medicina de Mafo. Necesitamos reflexión y propuestas sobre las reformas que tendremos que hacer para salir de la crisis, no manuales caducos.
miércoles, 28 de enero de 2009
El semáforo verde de Gerardo Díaz

Éste medio de comunicación le otorga "semáforo verde" por lo que supone de normalización de las relaciones de la CEOE con el FOMENT. Quizás sí que esta reanudación de relaciones más cordiales se lo merece.
Respuesta en el sentido de que:
- no sólo velarán por sus intereses y por la solidez de su sector, sino de la economía española
- el afianzamiento que la sociedad, a través de los gobiernos, les ha ofrecido lo harán llegar hasta las empresas y las familias.
- lo harán de una forma más eficaz y responsable evitando que se vuelvan a alimentar el Leviatán de la especulación y favorezcan la economía real y productiva.
Si consigue esta respuesta de sus compañeros de ejecutiva, el Sr. Gerado Diaz seguro que se lleva todos los semáforos verdes!!!!
miércoles, 21 de enero de 2009
Los otros giros de Artur Mas
Tres son los giros que está protagonizando Artur Mas: el independentista, el euroescéptico y el de la derechización social.Con la entronización de Ramón Tremosa y la defenestración de Guardans, como candidato a las elecciones europeas, Artur Mas ha hecho visible su giro hacia el soberanismo político y el abandono de la moderación en las posiciones nacionalistas que el Presidente Jordi Pujol consiguió transformar en seña de identidad de CDC.
El retorno del hijo prodigo, que dejó la casa convergente discrepando de la política de pactos con los gobiernos de España y que rechaza el Estatuto, es presentado como el ejemplo a seguir. ¿Como siempre aquéllos que no dejaron la casa del padre y continuaron trabajando para ella ven, cómo después de malbaratarla, vuelve para intentar participar del reparto de la herencia, o para "patearse" lo que queda?
Sin tanta metáfora bíblica, podemos preguntarnos: ¿cómo quedan y cómo se sienten todos aquéllos que han defendido y dado apoyo con su voto a la estrategia seguida por la coalición nacionalista, hasta ahora? Pues,…. desautorizados.
El grupo dirigente que encabeza Mas vive tan acomplejado, delante de los independentistas de izquierda (ERC), y tan obsesionado con recuperar esta parcelita política que radicalizan sus posturas para conseguirla.
Por eso que se "olvidaran" de explicar la anterior militancia del nuevo candidato, no fue casual, como tampoco lo es el hecho que Angel Colom, uno de los pilares de la Casa Grande y reclamo para independentistas, también sea de CDC. Es la típica abertura Madíatica hacia la sociedad.
Abandonar Europa como proyecto e instrumentalizar la en una pelea doméstica, es otro giro inédito en CDC, el segundo que encabeza Mas. La importancia y el apoyo a la construcción europea y la falta de un referente político, (a diferencia de UDC), siempre hicieron que Europa fuera vista con respeto y como un modelo socioeconómico y de libertades donde desarrollar su proyecto nacional. Sustituir este mensaje por el desconocimiento y desprecio que transmite el candidato Tremosa es otro giro hacia la nada.
El tercer giro de Artur Mas, quizás de lo que menos se habla, es su giro social hacia la derecha. También en eso se radicaliza. Deja de lado las "terceras vías" socialdemócratas para abrazarse al liberalismo más descarnado de los Sala Martí y otros yuppies. En este giro hacia la derecha económica y social es don beben las recetas que hace unos días explicaba Oriol Pujol: trabajar más horas -¿hasta las 65?- y cobrar menos -rebajando convenios ya firmados- o bajar las cuotas empresariales a la Seguridad Social aunque se la desequilibre y no mejorar protecciones sociales.
Con sus tres giros, independentistas, euroescépticos y de derechización social, Mas desorienta a todo el mundo. ¡Incluso en los suyos!
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Una buena señal

¿Como si fuera posible que nos saliéramos del agujero sin que haya una acción acordada entre empresarios y trabajadores para aplicar aquello que se pacte? ¿Alguien cree que sin pacto será posible imponer alguna medida?
Si se hubiera dinamitado el papel y la función de la negociación colectiva, como se pretendía, en nombre de la libertad individual para aceptar unas peores condiciones laborales, ¿Quién sería capaz de generar certezas?.
Teníamos un riesgo y lo hemos superado. Muy bien, ahora conviene continuar trabajando para que la Europa política continúe transformándose en lo que necesitan sus ciudadanos: una estructura política, democrática y global, que participe en la gobernación de un mundo globalizado, con la sensibilidad social de poner la economía al servicio de las personas y no al revés.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Flexibilidad exigente

Hace unos meses fue a cuenta de la financiación autonómica y ahora en relación con las consecuencias laborales de la crisis económica.
En los dos casos, abogaba por el mismo método para solucionar los problemas: exigencia y flexibilidad, para alcanzar buenos acuerdos y soluciones a los problemas.
Una vez enunciado el concepto, se dispararon las interpretaciones y las respuestas airadas. En ellas los "replicadores", para hacerse valer ante los suyos, le exigían que lo arregle todo, sin ceder nada.
No es nuevo, acostumbra a ser la posición de aquellas personas que se interesan más por los conflictos que por sus soluciones, pues buscan aprovecharse de su existencia para su promoción personal, que anteponen sus intereses a los quienes dicen, o quieren, representar.
Realismo en el reconocimiento de los problemas, firmeza en los planteamientos, atención a quien lo necesita, optimismo y confianza en nuestras fuerzas y en nuestro esfuerzo, liderazgo de los cambios y flexibilidad en la concertación; con estos mimbres se afrontaron y superaron en el pasado problemas. Que todo sea dicho de paso, eran tan, o más, graves que los actuales.
Algunos de los dirigentes políticos, empresariales o sindicales, no han vivido esta experiencia, no la hacen suya, ni la quieren hacer. Han "crecido" en los años de bonanza y los cuesta presentarse delante de la gente y decirles que "tenemos que volver a luchar, volver a sufrir, para volver a vencer" los problemas.
Están demasiado acostumbrados a no tener que asumir problemas, sino a repartir dividendos. Montilla, no. Él ya ha vivido y ha coprotagonizado procesos equivalentes - que no iguales- al actual, por eso cuando habla, habla claro y se lo entiende. Por eso, no hace ni demagogia, ni vende humo.
Sin acuerdos no habrá soluciones, ni en la financiación, ni en los expedientes de regulación (incluida Nissan), pero alcanzarlos requerirá, de todas las partes, buscarlos y una actitud de exigencia flexible.
viernes, 31 de octubre de 2008
Las cornadas de la crisis

La crisis financiera se está trasladando a la economía real y se nos hace patente. En una semana conoceremos dos resultados estadísticos negativos sobre la evolución del empleo y el paro, la EPA y el resultado mensual del registro de personas en desempleo.
Su gravedad no tiene que bloquearnos, ni tiene que impedir que los leamos con más detenimiento. Torear las crisis y evitar sus cornadas exigirá a los dirigentes templanza, rigor y serenidad y no pánico o aventurismo irresponsable. Sólo así podremos detectar que dentro de estos datos también hay otros mensajes.
Valga como ejemplo y en relación a la evolución del empleo y el paro, resaltar que en los últimos trimestres se ha destruido empleo joven y masculino, pero crece el empleo femenino lo que hace que por primera vez el desempleo femenino sea inferior al de los hombres. Es una situación nueva, sin precedentes, que vale la pena incorporar a la reflexión.
Lo mismo sucede con otros factores (tecnológicos, financieros, comerciales, etc..) que están detrás de la crisis. Sólo detectando que es lo que conviene cambiar de lo que se está haciendo ahora y que conviene recuperar de prácticas anteriores podremos recortar el tiempo de respuesta e incrementar la eficacia de la misma.
La actitud ante la crisis es tan importante como las medidas para afrontarla. Por eso el “adanaismo” que practican algunos, haciendo como si todo fuera nuevo y fuera la primera vez que sucede, no es la mejor actitud que se puede tener. Será difícil que las mismas actitudes que ha provocado la crisis sirvan para resolverla.
Esta crisis ha sido posible por el apogeo de unos valores donde la demora entre el esfuerzo y la recompensa, la responsabilización de las acciones o la prudencia ante el riesgo eran desdeñados y valorados como una pérdida de oportunidades, con su abandono se ha renunciado o dificultado la construcción de una economía generadora de riqueza y una sociedad con un reparto justo de la misma, donde el egoísmo individual esté sometido al afán del progreso colectivo.
No es de extrañar que sea cierta esta historia en la cual una gran entidad financiera catalana ha retrasado la prejubilación de uno de suyos altos directivos, porque quieren retener su experiencia y capacidad de relativizarla sin despreciarla, pues ya vivió crisis anteriores, y los directivos reclutados y formados durante los 14 años de bonanza económica, no.
martes, 16 de septiembre de 2008
Churras y merinas

Por eso resulta tan incomprensible que alguien pueda mezclar y confrontar, como hace Mariano Rajoy, a los perceptores por desempleo y a los que van a Francia a vendimiar.
Unos, los primeros, son 180.000 personas no nacidas en España que han cotizado a la Seguridad Social, porque tienen (todavía lo tienen) un permiso de residencia y un contrato de trabajo, ambos perfectamente en regla, y como ahora han perdido el trabajo, por causas ajenas a su voluntad, tienen derecho a recibir la prestación por desempleo.
Los otros son 20.000 personas andaluzas que en su mayoría y como años anteriores, incluso éstos de bonanza económica global, salen a vendimiar a Francia. Entre otras razones porque les sale más a cuenta la relación entre el trabajo y el salario que reciben allí en este periodo, que si lo hicieran aquí.
La situación de unos y de otros no tiene nada a ver. Tampoco tiene nada que ver con tiempos anteriores cuando los españoles tenían que emigrar al extranjero porque no tenían posibilidades de tener trabajo aquí. ¡Eso si qué se mezclar churras con merinas !.
¿De verdad no se da cuenta de lo que está haciendo y diciendo? Al confrontar ambas situaciones, que no están relacionadas, favorece el discurso xenófobo de los que sostienen que los inmigrantes le sacan el trabajo en los autóctonos. Por eso ahora intenta retirarse de la parte más "aparatosa", pero manteniendo aquello que es fundamental
¿Está proponiendo el Sr. Rajoy que sean los extranjeros desempleados perceptores de las prestaciones del desempleo los que se vayan a hacer la vendimia a Francia? ¿Reducir la movilidad laboral dentro de la Unión Europea? ¿Desprestigiar a los agricultores españoles porque ofrecen condiciones salariales menos atractivas que la de los viticultores franceses?.
No, nada de todo eso, lo que hace liarlo todo, para dar algún apoyo a la suya tesis fundamental.
El PP necesita hacer creer que la situación actual es como las crisis anteriores que hemos vivido, para crear miedo, y así poder legitimar todo aquello que propone y no que es más que un ajuste duro que recaiga en los sector sociales más débiles.
¡Da igual! si aquéllas crisis fueron fruto del aislacionismo en lo que nos situó el franquismo, o de un modelo industrial caduco, o de las tormentas monetarias. Nada de todo eso interesa.
Sólo una idea sobresale de este mensaje, hacer creer a todo el mundo que la situación actual es similar a aquéllas que, incluso, obligaron a emigrar a tanta gente.
Si para conseguir eso, se tienen que confundir churras con merinas, da igual. Pues no, Sr. Rajoy!
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Sin atajos posibles

La economía española crece más que las economías europeas más desarrolladas, pero su paro también.
La situación ha cambiado con mucha rapidez, de ser una de las que más crecía, y más ocupación creaba, se ha pasado a liderar la tasa de paro europeo.
¿Por qué el mercado de trabajo español tiene estas oscilaciones tan drásticas? ¿Por qué es tan sensible a los cambios de ciclo económico?
Básicamente porque todavía es un tejido económico que produce bienes y servicios basando excesivamente su competitividad en costes laborales bajos, con una regulación laboral tan flexible que hace del empleo el mecanismo de ajuste económico por antonomasia, ya que los otros han estado transferidos a la Unión Europea y sus instituciones.
Eso hace que el proceso de ajuste, cuando la economía se contrae, sea intenso, rápido, sencillo, pero durísimo socialmente.
Todo el mundo manifiesta su preocupación porpara la situación, pero no todo el mundo coincide en las soluciones.
Por una parte los gobiernos (el español y el catalán), la patronal y los sindicatos, buscan, con lo dialogo social, avanzar hacia hacia el cambio de modelo productivo de bienes y servicios. Son conscientes de la necesidad de transitar hacia un modelo que incorpore más calidad y valor a los productos y a los procesos, dónde el aprovechamiento de los trabajadores como a fuerza de trabajo dé paso al de su conocimiento, dondedónde la mejora de las infraestructuras físicas (viaries, ferroviarias, Aéreas, marítimas, energéticas e hidráulicas) y las del saber aplicado (universidades, parques científicos, centros tecnológicas) sirvan para acompañar y hacer a más efectivos los esfuerzos inversores de los empresarios y emprendedores.
Otros - algunos de los han disfrutado del festival de resultados positivos - ahora vuelven a reivindicar como salida las mismas recetas de hace 20 o 30 años, más flexibilidad, y menos protección social. Eso sí, lo hacen llenándose la boca en nombre de la urgencia y la modernidad.
Es cierto que se va con retraso. El estímulo de unas ganancias rápidas y abundantes, sin tener que cambiar lo que se hacía y como se hacía, ha sido una adormecedora muy eficaz, ha retenido el paso del cambio. Por eso no hay atajos, ni vueltas atrás, posibles.
La única solución es cambiar el modelo productivo y las relaciones, aunque eso sea más lento y complejo que las pseudosoluciones drásticas que propugnan.
Las próximas cuentas públicas (las generales y las catalanas) se tienen que enfocar a abordar las soluciones de fondo para la economía, pero también a atender a las personas sin empleo mediante políticas activas personalizadas y también a establecer los servicios y las prestaciones públicas necesarios (pensiones, salud, educación, servicios sociales) para aquéllas otras que sufrirán los efectos más negativos de la crisis. Ésa es la prioridad. El déficit cero, no, porque la economía está al servicio de las personas y no al el revés.
Como ya he reiterado anteriormente en este mismo blog, atender esa prioridad no se contradictorio, sino complementario, con el hecho de dar realce e importancia a la negociación de los financiación autonómica, pues muchas de estas políticas son competencia de los gobiernos autonómicos.
A su vez, el diálogo social se tiene que orientar hacia el ajuste entre el nuevo modelo económico que necesitamos y las relaciones laborales adecuadas al mismo.
Así como unas relaciones laborales basadas en la inseguridad, la inestabilidad y la precariedad laboral son posibles - e, incluso, coherentes - en un modelo productivo, donde se quiere que las personas obedezcan y reproduzcan instrucciones simples y repetitivas dentro de unas estructuras empresariales muy jerarquizadas, de carácter manufacturero o de servicios poco cualificados, resultan totalmente inadecuadas y desaconsejables para la gestión del nuevo sistema productivo. Éste requiere de otro modelo de relaciones laborales. Un modelo favorecedor de la iniciativa, la responsabilidad, la aportación de los conocimientos de las personas que trabajan y que, por lo tanto, sustituya la jerarquía autoritaria por el liderazgo motivador. Un modelo donde la formación permanente sea la garantía de que la capacidad de adaptarse al cambios no se resuelva con la pérdida del capital humano.
Ésta es la razón de fondo que hace tanto caduco, inútil y fuera de lugar esas recetas retrogradas que se quieren utilizar políticamente económicamente o socialmente, para ganar ventajas privadas o partidistas, no para ganar réditos colectivos.
